viernes, 11 de marzo de 2011

Patio de vecinos

Iglesia de San Lorenzo. Murcia
En la iglesia de San Lorenzo de Murcia tiene su sede la Cofradía del Santísimo Cristo del Refugio, que saca por las calles de la ciudad la procesión del Silencio el Jueves Santo.

Esta procesión se caracteriza porque se apaga el alumbrado público de las calles por donde pasa, y el silencio sólo se rompe por el sonido del tambor que lleva como acompañamiento, y el cántico de los grupos corales distribuidos por el recorrido.

La iglesia actual diseñada por Ventura Rodríguez, de estilo neoclásico con elementos barrocos, la edificaron entre 1788 y 1810 sobre un templo anterior que a su vez había aprovechado la estructura de una mezquita preexistente. El templo cuenta anexa en su costado izquierdo con la Capilla de la Comunión, rematada por una pequeña cúpula.

Estoy seguro que desde la mezquita original, el templo se encontraba en una situación desahogada en relación a su entorno, y que cuando se diseñó el actual, el arquitecto no contó con la voracidad urbana que prácticamente ha engullido entre anodinos edificios de mayor altura la coqueta iglesia, incorporando la Capilla de la Comunión al común patio de vecinos, de tal modo que podría decirse que el Señor, presente en la Capilla, se encuentra a su vez en la casa de todos ellos. 

Mariposas de aceite

Ésta sobrevenida situación de la Capilla, me recuerda las antiguas capillas domiciliarias, aquellas con una Virgen o un Santo en su interior, que se repartían por las casas de las personas pertenecientes a una asociación o “coro” de devotos y que se encargaban de llevarlas de una casa a otra, donde permanecían por unos días.

En mi familia la tradición venía de antiguo, ya mi abuela Doña Cortes perteneció a una de aquellas congregaciones. La capilla que yo recuerdo contenía un Sagrado Corazón y visitaba frecuentemente nuestra casa; venía a ser una caja de madera con el frontal de cristal y dos puertas que se cerraban con una aldabilla para transportarla. En la parte inferior tenía una pequeña hucha para depositar los donativos que cada familia tuviera a bien entregar y en uno de los laterales solía llevar una hoja con el itinerario previsto y algunas jaculatorias para la ocasión.

La capilla generalmente se colocaba en un lugar de honor, y en ocasiones, como señal de oración y respeto, se encendían unas lamparillas de aceite, en las que navegaban unos pequeños círculos de corcho y cartón atravesados por una mecha (mariposas), que se mantenían encendidas mientras la "visita" de la capilla domiciliaria estaba en la casa.

Son recuerdos de niñez que vuelven nítidos a la memoria, espoleados en este caso por la imagen de una pequeña capilla incorporada al patio de vecinos de una comunidad murciana.

jueves, 10 de marzo de 2011

La misa del PP


¿Qué mejor sitio para empezar la campaña electoral que la casa de Dios? Los peperos de Poio (Poyo para los amigos) han tenido la feliz idea de contar con la ayuda divina para poner al día a la feligresía sobre sus bondades. Quizá habría sido más impactante, si hubieran conseguido que el oficiante se pusiera la casulla azul y sacar la instantánea en el momento de dirigirse a los feligreses-electores desde el púlpito-atril, convenientemente decorado que puede verse a la izquierda de la imagen.

Yo no se de que se quejan o extrañan, o ¿es que no vemos a la Iglesia representada por párrocos, obispos y cardenales en multitud de ocasiones en actos políticos, sin que nadie se rasgue las vestiduras? Las nuevas técnicas de marketing tienen estas cosas y los tiempos avanzan que es una barbaridad. Aún así, y con todo, al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Amén.

miércoles, 9 de marzo de 2011

La mili que se fue


Hoy se cumplen 10 años del final de la mili obligatoria. El Real Decreto de 9 de marzo de 2001 supuso el punto y final a más de 200 años de servicio militar obligatorio en España. Vaya por delante que yo no hice la mili porque me pasé cinco años pidiendo prórrogas por estudios hasta que por "culpa" de la miopía resulté "excluido total del contingente militar" en noviembre del 83. Pero para llegar a este "final feliz" en mi carrera militar, hube de pasar por un momento culminante de incertidumbre que paso a relatar.

Una vez se me acabaron las prórrogas por estudios, y por medio de la Policía Municipal de Cartagena, fui citado para comparecer ante la Junta de Clasificación y Revisión al objeto de ser reconocido por los Vocales Médicos de la misma.

Según la citación, debía presentarme entre las 5 y las 9 de la tarde del día en cuestión en el Hospital de Marina de Cartagena. Como a la sazón y por mor de mis estudios residía en Murcia, preparé mi equipaje para la pernocta en el Hospital y allá que me fui. Allí coincidimos un grupo de mozos, ya un poco talluditos para aquello de la mili, a los que se nos habían acabado las excusas dilatorias para cumplir con la madre Patria.

En un pabellón enorme, con hileras de camas a los lados, pasamos inquietos la noche a la espera del temido reconocimiento que nos declarara aptos o inútiles. Ni que decir tiene que allí todos nos sentíamos unos inútiles redomados. A la mañana siguiente, en una fila silenciosa de calzones y camisetas blancas, nos enfrentamos al comandante médico y su ayudante.

Uno a uno nos midieron, nos pesaron, nos auscultaron, y acabamos ante la tabla optométrica para medir la agudeza visual del personal. El comandante se encontraba ligeramente adelantado y su ayudante quedaba a su espalda; cuando el mozo que me precedía comenzó a contestar a sus preguntas sobre el contenido de la tabla, el ayudante disimuladamente empezó a hacerle señas, hasta que el jefe médico, que no tenía un pelo de tonto, se dio cuenta de que el mozo tramposo miraba más por encima de su hombro que a la dichosa tabla. Girarse de improviso y trincar al ayudante en plena mueca, fue todo uno.

¡Menudo rebote se cogió!, el ayudante se diluyó literalmente, el reconocimiento quedó suspendido y nos devolvieron a todos al pabellón con nuestros calzones y camisetas de tirantes hasta la mañana siguiente. El colega tramposo se justificó como pudo, el ayudante era conocido suyo y habían urdido un plan infalible para fracasar en la medición de la agudeza visual. Infalible hasta que los pillaron.


Si la primera noche ya nos resultó tensa, la segunda para qué contar, ninguno dormimos, tampoco hablamos. Por la mañana vuelta empezar, sin ayudante, mano a mano con el jefe, sesión interminable de letras y números, pupilas dilatadas, fondos de ojo escudriñados y sensación de gusanos despreciables hasta que nos soltaron. Después de una semana de incertidumbre llegó la ansiada “exclusión total”. Hasta mucho después no supe que el colega tramposo se chupó una mili de las largas. Mentiría si dijera que no me alegré un poquito.

La mayoría de mis conocidos no hizo la mili, aquello de las prórrogas por estudios que se continuaban con las exclusiones por tener hijos y demás triquiñuelas, aligeró de universitarios los cuarteles. Sin embargo, algunos sí la hicieron y de buen grado, como el bueno de Antonio, al que un día cualquiera del 85 acompañamos su padre y yo al Cuartel de Instrucción de Marinería de Cartagena. Con su petate, un bocadillo y su sonrisa de oreja a oreja, atravesó aquellas enormes puertas para cumplir con la Patria en la Armada, la mili más larga de todas, en su destino soñado: la mar y el PVZ 34 Alcanada, el patrullero de altura donde templó el carácter y se convirtió en el marino que nunca dejará de ser.

No siento haberme perdido la mili, pero sí es cierto que cuando Antonio rememora la suya a bordo, un cosquilleo de envidia me recorre el cuerpo.

martes, 8 de marzo de 2011

Día Internacional de la Mujer

Flores para las flores
Hoy, martes 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer. El tema de este 2011 es: “La igualdad de acceso a la educación, la capacitación y la ciencia y la tecnología: el camino hacia el trabajo decente de la mujer”. Además, este año coincide que se celebra el centenario de este reconocimiento.

Cien años ya deberían haber bastado para que la igualdad de condiciones entre hombres y mujeres hiciera innecesaria la celebración de este día. Desgraciadamente esto no es así, y no está mal reivindicar el papel de la mujer en la familia y la sociedad que tanto le deben y muchas veces, tan poco les reconocen.

Para las mujeres, madres, hijas, hermanas, tías, sobrinas, nueras, abuelas, suegras, blancas, negras, amarillas, jóvenes, maduritas, trabajadoras a doble turno o a turno sencillo, políticas, deportistas, artistas, guapas, más guapas, ricas, pobres, creyentes, no creyentes, amigas, enemigas, libres y oprimidas, mi pequeño homenaje. ¡Va por vosotras!

lunes, 7 de marzo de 2011

Gato multicolor

Gato doméstico. Felis silvestris catus.
De toda la familia de gatos subidos a un contenedor de basura, el único curioso que no salió zumbando al ser enfocado por la cámara, fue este bonito gato multicolor, que se acercó cauteloso, dando dos pasos adelante y uno hacia atrás, hasta colocarse a una prudencial distancia que nos permitió observarnos mutuamente.

Ladeando la cabeza, parecía preguntarse por mis intenciones y al contrario que a sus hermanos, le pudo más la curiosidad que la precaución, acercándose tanto como para atrapar mi reflejo en sus ojos.

Gato común europeo multicolor.
Su código salvaje le impidió traspasar la frontera de los veinte centímetros que separaban su hocico de mi mano, y hasta ahí llego nuestra incipiente amistad. Si hubiera pasado la línea, me habría puesto en el compromiso de adoptarlo. Al menos satisficimos la mutua curiosidad antes de continuar nuestro camino.

Ha tenido premio, los demás agazapados y escondidos, seguirán con sus vidas de gato, en cambio, el gato curioso y multicolor consiguió su propia estrella de la fama en mi particular galería de animales y aunque su vida gatuna y la mía no vuelvan a cruzarse, yo ya tengo atrapada su imagen.

domingo, 6 de marzo de 2011

Los Alonso Alfonso van de boda

Uno más en la familia Alonso Alfonso
Ricardo y Silvia son luchadores natos, solo así, contra corriente, contra escépticos, contra dificultades, de la mano de Dios y con su esfuerzo, han regalado al mundo 14 fantásticos hijos.

Su forma de ver la vida no encaja en el esquema actual, su escala de valores a muchos les puede sonar a otros tiempos, su compromiso ha resultado inquebrantable. Los resultados son inmejorables y perdurarán en el tiempo.

A los 14 primeros ya se habían sumado 2 y ahora llega el tercero, y seguirán llegando, porque de su casa no se va nadie definitivamente, al contrario, se van incorporando nuevos miembros. Hoy ha llegado el último, le han hecho hueco, en el centro, como no podía ser menos.

Un par de veces se les ha quebrado la voz, una de sus palomas alza el vuelo, enérgica, presurosa, buscando su vida propia. No hay caso, no irá lejos, el hogar familiar la seguirá esperando y ella, entre vuelo y vuelo, siempre encontrará momento de volver a su cobijo.

Miriam y Quique
 

sábado, 5 de marzo de 2011

Orejudo


Mi tío Cesar me apadrinó en el bautismo; era el hermano mayor de mi madre y también fue su padrino de boda en sustitución de su padre, asesinado durante la Guerra Civil. Catedrático de la Escuela Normal en la Universidad de Salamanca, era alto y espigado, con una frente despejada y un perfil que siempre me recordó al de Don Quijote.

Lo recuerdo como una persona enérgica, estricta y fundamentalmente culta. Sabía mucha, mucha historia del arte y la transmitía con tal entusiasmo que encantaba a sus alumnos, como solo un enamorado de su profesión podría hacerlo. Desafortunadamente no tuve demasiadas oportunidades para disfrutar de su ciencia, pero sí guardo con cariño algunos momentos de nuestra relación.

Como aquel en su casa-museo de Salamanca, que visitamos de pasada camino de Galicia, cuando al escuchar unos extraños “clapeos” que provenían del exterior, y al asomarnos a las ventanas, nos explicó que aquel curioso ruido lo producían las cigüeñas instaladas en las “picorutas”, como él llamaba a los remates que coronan la Catedral de Salamanca y aprovechó la ocasión para contarnos su historia, estilos y curiosidades, en el marco de un magnífico atardecer sobre la Catedral.

Entre aquellas curiosidades nos contó como algunas viejas vigas de madera del tejado de la Catedral Vieja, retiradas para su reparación, habían ido a parar al taller de un artesano afincado en Cabrerizos, localidad cercana a Salamanca, y que las utilizaron como materia prima para realizar tallas mediante antiguas técnicas de policromía, tomando como modelo imágenes de corte románico. A las tallas realizadas les quedaron algunos cantos lisos sin labrar, para dejar constancia de su origen.


Una pequeña Virgen con Niño, de unos 30 cm de altura y procedente de las antiguas vigas, formaba parte de la colección de arte que a lo largo de los años habían atesorado mis tíos en aquella casa. Al comprar su casita veraniega en San Javier, se la llevaron allá y cuando iba de visita siempre marchaba con la misma petición, quería aquella imagen como recuerdo de mi padrino.

Sin tiempo para despedidas, en una fría y desapacible tarde castellana, con el viento tocando a duelo en los árboles del cementerio, dijimos adiós a D. Cesar en su Salamanca de adopción. Poco a poco había entrado en la nebulosa intemporal que todo lo borra, hasta que sin darse cuenta, se fue en paz.

Aquella imagen, que siempre asocié a mi tío y su amor por el Arte y su Historia, fue a parar a casa de una de sus hijas, la pequeña como él la llamaba, y allí la encontré un día de visita. Recordé las cigüeñas, las charlas sobre historias familiares, su disposición a prestarme ayuda la única vez que recurrí a él, mi orgullo porque fuera mi padrino, y le recordé mi interés por ella. Cuando ya nos íbamos, entre besos y despedidas, su pequeña, generosa, apareció con ella en las manos, y la Virgen continuó su peregrinaje familiar desde aquellas decimonónicas vigas a mi dormitorio, donde el recuerdo de mi padrino me despide por las noches y me saluda a la mañana, en la paciente espera de su futuro destino.

Muchas gracias.

martes, 1 de marzo de 2011

Brotes verdes


Aquí el que no ve brotes es porque no mira al suelo. Así de fácil, por todas partes, solo hay que molestarse en buscarlos, lo malo es que los que encontramos no dan ni para comer a una cabra (que ya comen poco), pero ese es otro cantar, además, si el animal no tiene hambre y no se los come, a lo mejor crecen y se multiplican y con un poco de tiempo, lo mismo llegan para un rebaño.

Pues eso es lo que pasa, que en cuanto el Gobierno se suelta con lo de los brotes verdes, sean o no raquíticos, alguien (bancos, brokers o especuladores) vienen y se los comen antes de que se afiancen las raíces y vuelta a empezar. Cuatro briznas mal contadas, que alegran el panorama y poco más. Y encima con obstáculos que impiden avanzar libremente por la senda marcada.

Total, que haberlos, “hailos”, y encontrarlos no es difícil, la filigrana está en regarlos, dejarlos crecer y procurar que se multipliquen, removiendo los bolardos que se interpongan en el camino, o por lo menos sortearlos con habilidad. Porque para darse trompazos, ya tenemos a nuestros próceres de la Patria, especialistas sin igual en operaciones de jardinería financiera.

Lo dicho, dejemos que la naturaleza haga su trabajo, y si no sabemos mejorarlo, estémonos quietos y al menos no empeorará la cosa; vamos, que si llueve, procuremos que el agua llegue a los brotes en vez de malgastarla en pompas de ilusión.

lunes, 28 de febrero de 2011

En el tren


Las anécdotas ferroviarias son incontables, tanto como viajeros surcan los caminos de hierro a bordo de los convoyes que recorren el mundo. Me gustan tanto los trenes como me aburre viajar en ellos; no soporto el tedio que me producen las horas del viaje que a pesar del paso del tiempo, siguen inalterables entre la Capital de la Huerta y la de la España plural. Ni la película, ni la merienda me sacan del sopor que producen tantas horas de viaje, así que me dedico a observar a mí alrededor.

Samuel, así se llamaba un chaval de no más de cinco o seis años, que junto a su hermana, algo mayor que él y sus padres, compartían rincón turista en mi vagón. Durante tres horas más que largas, Samuel, a los mandos de su consola de videojuegos movía sus diminutos dedos a la velocidad del rayo mientras acompañaba con la lengua sus andanzas en la pequeña pantalla. De vez en cuando su padre participaba en el juego en clara inferioridad de reflejos, ¿quién soy yo, Samuel? Y Samuel pacientemente lo colocaba en órbita con el jugador correspondiente. El padre inseguro lo intentaba por un rato, hasta que Samuel aburrido de la torpeza paterna, tomaba de nuevo el mando.

Samuel dominaba toda la electrónica familiar, incluida una pequeña cámara digital con la que arrancaba poses y sonrisas a su familia. Dos niños pequeños, con sus videoconsolas y sus ratos de aburrimiento movido; ni una mala cara de sus padres, ni una voz más alta que otra. Complicidad entre los cuatro y paciencia a raudales hasta llegar a Calasparra.

Insólito lo del joven que en llegando a destino, baja su bolsa de viaje y con parsimonia saca de ella una caja de reloj, y esta de una ajada funda de cartón, se quita el reloj de la muñeca, extrae de su almohadilla el de la caja y lo sustituye por el que se acaba de quitar, y que a su vez ciñe a la almohadilla y guarda en la caja que introduce de nuevo en su macuto. ¿Por qué? ¿un regalo? ¿una promesa? ¿un capricho? ¿una coquetería? ¿una superstición? Cogió su petate y se fue y la duda quedó sin resolver.


- Señor, disculpe, el 6A es mi asiento.

- ¿Cómo dice?

El viajero interpelado, sentado ya, saca su reserva y un tanto desconcertado intenta conectarse a Internet (estamos en la estación aún) para confirmarla.

El tren arranca y la azafata de guantes negros le pide con cierta brusquedad a la muchacha que despeje el pasillo y se salga al descansillo hasta que el Interventor aparezca y solucione el entuerto.

17 0 18 años, no más, la maleta, el bolso y su billete apretado en la mano, nerviosa pero segura de su razón, el asiento 6A es suyo. A mi lado hay un hueco y le ofrezco esperar ahí al Interventor, que aparece a la altura de Alcantarilla, el convoy está lanzado.

- Buenas tardes, ¿cuál es el problema?

La chica le enseña su billete.

- Este señor y yo tenemos el mismo asiento ¿este es el coche 2, no?

- Sí señorita, es el 2, ¿a dónde va usted?

- A Valencia, claro.

- Pues este tren va a Madrid....

Desconcierto total de la joven viajera.

 - ¿Y ahora que hago? ¿cuál es la próxima parada?

- Cieza, pero no pasa otro de vuelta hasta la noche.

El nerviosismo de la chiquilla aumenta, la situación la ha superado por completo. Me acuerdo de mis niñas cuando viajan en tren y de lo impotente que se siente uno ante una situación así.

Paso de observador y me inmiscuyo en la conversación.

- Quizá si sigue hasta Albacete pueda enlazar con alguno de Madrid a Valencia.

El Interventor menea la cabeza.

- Ahora con el AVE no pasan por Albacete, y de Albacete a Valencia solo hay un par de viajes al día. Quizá pueda enlazar con alguno que vaya a Alicante y luego coger un regional a Valencia.

Mientras la chica se lo piensa, el Interventor reanuda su ronda. Al poco, esta recoge sus bártulos y se aleja en busca de algún asiento libre. Cuando el hombre regresa, me pregunta por nuestra amiga y le indico hacia donde se fue.

Pasamos Albacete, y mientras nuestro tren toma velocidad de nuevo, el Interventor pasa por mi lado y me cuenta que hubo suerte, ha podido reubicar a la jovencita despistada en un tren que se cruzó con el nuestro, camino de Alicante, y de allí a Valencia, su destino final.

Moraleja, cuando uno viaja en tren hay que seguir varias reglas:

1ª Meter en la maleta todo aquello que vamos a necesitar.

2ª Llegar a la estación con tiempo suficiente para asegurarnos de que el tren que cogemos es el correcto.

3ª Cuando todo se tuerce, pedir ayuda, sopesar las posibilidades y escoger la solución más adecuada.

Final feliz para un viaje del que su protagonista podrá presumir que para ir de Murcia a Valencia, se dio un garbeo por Albacete.

domingo, 27 de febrero de 2011

Emparedada

Torre desde la calle La Fuensanta
Si hay algo que destaca en el horizonte murciano cuando te acercas a la ciudad por cualquiera de sus cuatro puntos cardinales, ese algo es la Torre de la Catedral, que con sus 98 metros a la punta de la veleta, hasta hace muy poco constituía el referente indiscutible en el skyline murciano. Renacentista, plateresco, barroco, rococó y neoclásico, son los estilos arquitectónicos que se superponen a lo largo de los más de dos siglos y medio que llevó su construcción.

Además de torre, es campanario, nada menos que 25 campanas se alojan en su interior, cada una con su nombre, desde la más antigua, La Mora, hasta la última, La Nueva, y que con su tañido llevaron y llevan hasta los confines de la huerta el anuncio de riadas, guerras, defunciones, celebraciones y fiestas, vamos, como el twitter o el facebook de ahora.

La última vez que subí a la Torre de la Catedral fue hace muchos, muchos años, con la intención de tirarle los tejos a una moza en la soledad de sus alturas. La jugada no me salió como esperaba, porque apareció guarnecida por una nutrida parentela que me impidió dar rienda suelta a mis anhelos. La moza se escurrió en aquel momento, y bajé con las orejas gachas y calambres en los gemelos, pero con el tiempo acabó sucumbiendo a mis múltiples encantos, tal como me había sucedido a mí con los suyos.

Cuando todas las mañanas paso presuroso por la intersección entre las calles Isidoro de La Cierva y La Fuensanta, no dejo de echar una fugaz mirada a la torre que al fondo se aparece, emparedada entre dos anodinos bloques de hormigón y cristal que aún resaltan más su belleza de caliza dorada y me recuerda aquel fugaz asalto de juventud.

A mi chica.