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lunes, 14 de mayo de 2012

La perca del Segura


Nunca he sido pescador, ni de agua dulce ni de salada; eso no quiere decir que no lo haya intentado en ocasiones. Con cinco o seis años ya sostenía entre asombrado y orgulloso los lucios que pescaban mis padres en los ríos y embalses cercanos a Puertollano. Cuando veraneamos en Islas Menores, sobre los doce años, aprendí a atrapar "zorros" que se refugiaban en los agujeros de los ladrillos semienterrados en el agua y que caían en mi poder por la depurada técnica de tapar ambos lados con las manos, hasta notar el cosquilleo en una de ellas de alguno de aquellos pececillos atrapados. 

También lo intenté en ocasiones con la típica bolita de pan amasada en la punta del anzuelo, ya en Campoamor, y con el mismo éxito en el mar mayor que en el menor (ninguno). No volví a intentarlo hasta que un compañero de trabajo en PRYCA me llevó con él a pescar; este sí que era un profesional, llevaba el coche con todo el aparejo completo, cañas, cestas, cajas llenas de anzuelos y artilugios diversos, fuimos a un sitio al que jamás conseguiría llegar solo. En la vega baja del Segura hay una zona surcada por infinidad de canales que mi amigo se conocía al dedillo y que a mí me pareció un verdadero laberinto, ¡Allí sí pesqué! solo una pieza, de improviso, no me lo esperaba y cuando picó y empezó a tirar, casi se lleva la caña y a mí detrás al medio del canal; me rehice a tiempo y siguiendo las instrucciones de mi colega, recogí el sedal y poco a poco me hice con mi trofeo, una perca de más de medio metro, hermosísima y bien alimentada ¡Qué triunfo!, efímero, porque tras la foto de rigor, mi captura regresó al canal y ya no volví a conseguirlo. Dio igual, ya sabía lo que se sentía  y me había gustado la sensación.

Mi último éxito lo tuve en Carboneras, un buen montón de años después, aunque más que pesca yo diría que aquello fue caza, cuando en una de mis buceos con tubo y el culo a ras de superficie, vi un pulpo a unos tres metros de profundidad y en un alarde de inconsciencia y coraje me lancé a por él y sorprendentemente lo trinqué con una mano, saliendo triunfante con aquel bicho enrollado en la muñeca.

Tomando en consideración estas anécdotas que han marcado mi subconsciente a lo largo de la vida, se explica porqué cada vez que cruzo el río Segura por alguno de los puentes que lo salvan, no puedo evitar una mirada a sus orillas en las que cada vez con más frecuencia y en mayor número, se apuestan los pescadores de ciudad, con sus sillas de tijera, su cañas y sus cubos. No se si tienen éxito, nunca tengo tiempo para esperarlo, sin embargo ella está allí, contra corriente, anclada al cenagoso fondo, entre los molinos del río y la Glorieta, a mitad de camino entre el monstruo del lago Ness y una sardina monstruosa con su surtidor y todo.

El río a su paso por la Capital lleva un caudal respetable pero falso, no hay más que asomarse al puente de la Fica para ver al Segura en todo su esplendor -apenas un hilillo de agua-, el caudal que vemos es decorativo, tanto como los pescadores de sus riberas y las percas que de vez en cuando alegran sus cañas. Rematada la falacia con la sardina de agua dulce que lanza su chorrito para entusiasmo de paseantes y turistas; solo faltan las piraguas del club de remo para completar la estampa.

Quizá, si tomando ejemplo de otras ciudades atravesadas por ríos o ramblas que han desviado sus cauces para aprovechar los terrenos liberados, los murcianos desviásemos el del Segura al, por ejemplo, Canal del Reguerón, el cauce a su paso por la ciudad podría utilizarse como aparcamiento, o vía subterránea para atravesarla, mientras, en la superficie se ganaría espacio para paseos, jardines, zonas de recreo o pistas deportivas, conectando el norte con el sur de la ciudad sin necesidad de puentes.

Nuestra sardina podría presidir honrosamente en su catafalco alguno de los lugares descritos, sin necesidad de remojar su lomo en las aguas estancadas y lo que es más importante, sin que nadie la confundiera con una vulgar perca de río, porque ¿Quién ha visto alguna vez una sardina remontando un río?

martes, 27 de marzo de 2012

30 Años no es Nada

Feliz Cumpleaños

Cumpleaños Feliz

Como dice la canción: "Amor en buena compañía”.  Eso es lo que hemos tenido durante los últimos 30 años, que se han pasado en un “pis-pas” aderezados con sal rubia y pimienta morena.

Nunca soñé tener mejor regalo de cumpleaños y que este se repitiera un año tras otro. Gracias Marián, no dejas de sorprenderme. ¿Quieres ser mi novia un año más?

JUNTOS

lunes, 26 de marzo de 2012

En Buga al Tontódromo

Chevrolet años 30


El paseo de Alfonso X el Sabio de Murcia, conocido coloquialmente como Tontódromo, une las plazas de Santo Domingo y la Redonda bajo una doble hilera de grandes plátanos a cuya sombra, por generaciones, se ha tomado el aperitivo en alguna de las terrazas que lo jalonan.

Pero no solo de aperitivo vive el hombre. Por el Tontódromo se lucen el palmito y las mejores galas, se pasea despacio saludando a diestra y siniestra, se cotillea aquí y allá, se charla con los conocidos, se curiosea por los puestos de quita y pon con libros, “oenegés”, cerámicas, bisuterías o arreglos navideños, según la temporada.

Tradicionalmente  la plaza de Captesa, a mitad del paseo, ha sido lugar de encuentro del pijerío colegial murciano, que también durante generaciones ha pelado la pava por sus rincones. Hacia el norte, la calle Pérez Casas atrae multitudes nocturnas con el Volapié como última adquisición, y al sur, a la espalda del Convento de Las Claras está el de siempre, con su barra larga, todo pasillo y cristalera, sin apenas sitio para remenearse entre los taburetes. Café Bar.

Biscuter años 50

Y ahí empieza y acaba la historia, en Café Bar. Ese es el lugar, no solo por sus marineras, sus cañas o sus patatas fritas, que tienen un “nosequé” especial, o por sus estratégicas terrazas siempre a tope, o por sus camareros de siempre, con todas las letras y todo el oficio. A Café Bar también se va a “fardar”, a lucir el coche o la moto de nuestras entretelas, una o dos vueltas al Tontódromo, lentas, para que te vean bien, para despertar la envidia de todos cuando aparcas parsimoniosamente en la puerta y te sientas a tomar tu bien merecido aperitivo, mientras admiran tu buga.

Lo mismo da un Audi último modelo, que un Biscuter, que un Chevrolet con ruedas de madera, si no lo llevas a Café Bar un sábado o un domingo al mediodía, el ego exhibicionista que casi todos tenemos, no acabará satisfecho.

domingo, 18 de marzo de 2012

El Agua que No llega

Tossa de Mar. Gerona

Se fue Zapatero y con él  el agua que nos mandaba el Señor. Amenaza una nueva etapa de sequía y además ahora con la solidaridad interterritorial bajo mínimos gracias a las políticas provincianas tan al uso por estos lares. 

Como muestra, un botón: hace no mucho tiempo, en la bella localidad catalana de Tossa de Mar, cuya principal fuente de ingresos proviene de los visitantes, que como yo, recalan en sus playas por unos días, en una tienda de recuerdos, televisaban un GP de Fórmula 1, y por hablar de algo con el dueño, mientras echábamos un vistazo, le  pregunté como le iba a Fernando Alonso.

No contestó a mi pregunta y con cierto retintín, repreguntó:

- ¿De dónde son ustedes?

- Venimos de Murcia.

- ¡Murcianos tenían que ser, siempre empeñados en robarnos el agua del Ebro para regar campos de golf!

Tal cual.

Su compañera de tienda y posiblemente esposa, lo fulminó con la mirada y el patriota se arrugó y cerró la boca mientras nos vio desfilar desconcertados por la puerta de su negocio.

Esto con un catalán, pero podemos poner cualquier otro protagonista, con idéntico discurso: el manchego, el aragonés, el extremeño… Muchos repetirán las consignas reiteradas machaconamente por sus dirigentes públicos durante ya demasiado tiempo. ¡Qué difícil será desfacer tanto entuerto!

He recordado la anécdota vacacional al leer un artículo de Jorge Alcalde que comienza como sigue:

La falta de una estrategia solidaria de reparto del agua entre las distintas regiones de España es algo que ya denunciaba, hace tres siglos, el Marqués de la Ensenada. Don Zenón de Somodevilla y Bengoechea, que así se llamaba el señor marqués, un buen día escribió una carta a Fernando VI en la que podía leerse:

No hay en Europa terreno más seco que el de España, y por consecuencia, están expuestos sus naturales a padecer hambre por sus malas cosechas, ni tampoco reino en que menos se haya ejercitado el arte para ocurrir a la precisión de socorrer unas provincias a otras, evitando la extracción de dinero a dominios extraños, pues no se ha procurado que sus ríos sean navegables en lo posible, que haya canales para regar y transportar, y que sus caminos sean cual deben y pueden ser. Conozco que para hacer los ríos navegables y caminos son menester muchos años y muchos tesoros; pero Señor, lo que no se comienza, no se acaba.

Y en esas estamos tres siglos después. 
Artículo completo: El agua ha de esperar

lunes, 12 de marzo de 2012

A vueltas con la Gramática

Gramática Española

Aquí se organiza un lío de órdago por cualquier cosa, y ahora le ha tocado a la Gramática; que si es sexista, que si discrimina a las mujeres...

Un académico critica una guía de lenguaje no sexista políticamente correcta y se le lanzan a la yugular los defensores de la igualdad a ultranza, esos que son miembros y miembras, los de  los/as, queridos/as, amigos/as, toreros/as, fontaneros/as, bomberos/as y así hasta el infinito y más allá.

Y llegan 500 catedráticos y se alinean a favor del académico, y se marcan un manifiesto, un poco denso, pero cargadito de razón, en el que vienen a decir que la Gramática no tiene ideologías, que es solo eso: GRAMATICA.

Yo por mi parte voy a volver a expresarme como me enseñaron en el colegio, tanto de forma oral  como escrita, sin tantas tontunas y zarandajas, que ya se me empezaba a ir la olla con eso de chicos/as o chic@s, por ser más moderno. Así que a partir de ahora, cuando diga o escriba “chicos”, me referiré a todo bicho viviente en edad juvenil, o juvenil de espíritu, y cuando diga “amigos”, pues tres cuartos de lo mismo.

Me adhiero al manifiesto de los 500 y que sea lo que Dios quiera.

Aquí está el manifiesto acerca de la discriminación de la mujer y de los lingüistas en la sociedad: http://manifiestolinguistica.weebly.com/
Foto: Internet

domingo, 11 de marzo de 2012

11-M. 8 Años

No al terrorismo

8 años y aún se especula con los autores, los motivos, las implicaciones, las consecuencias...

8 años, muertos enterrados, heridos con secuelas, familias destrozadas, impotencia, rabia contenida, perdón imposible...

Un macro juicio, unos condenados, un tren explotado aguarda en una chatarrería, muchas dudas pendientes. El que pueda arrojar luz, que lo haga, aunque sea 8 años después, se lo deben, nos lo deben.

Nos pudo pasar a cualquiera, de hecho, nos pasó a todos. No lo olvidemos.

Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo. El mejor homenaje, LA VERDAD.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Metro. Madrid

Estación de Santo Domingo.


Santo Domingo es una estación de la línea 2 del Metro de Madrid situada bajo la calle San Bernardo, entre la Gran Vía y la Plaza de Santo Domingo, en el distrito Centro.

La estación se inauguró el 27 de diciembre de 1925, junto con el segundo tramo de la línea 2 entre Sol y Quevedo, reinando Alfonso XIII y durante el gobierno de Primo de Rivera.

50 años después, en el ocaso del gobierno de Franco, ya recorría yo esos andenes camino de la casa de mis abuelos y más de 35 años después, reinando Juan Carlos I, Rocío hace lo propio hacia la casa de los suyos y que fue de sus bisabuelos. 

Muchos cambios en superficie y pocos en el subsuelo. Bueno, sí, los convoyes han mejorado y hay relojes digitales colgando del techo.

lunes, 30 de enero de 2012

Historia de un Cumpleaños


A mi personaje de hoy lo conocí hace ya mucho tiempo, pero me acuerdo del momento exacto y de la foto fija que quedó grabada en mi memoria, como si este no hubiera pasado.

- ¡Quiero entrar en la pandilla!

Quién así se expresaba era un personaje menudo, enfundado en unos vaqueros con un suéter de cuello alto, botas de montar, cabello corto y ensortijado y moreno a más no poder, que con gesto firme se dirigió al grupo, -la pandilla-, en uno de los salones del Club Náutico de Campoamor.

El personaje tendría un par de años menos que el resto del grupo, rondaba los 14 o 15, y de primeras fue recibido con cierto recelo:

- ¿Y tú quién eres?

- Soy Silvia y tengo una moto.

Lo de la moto resultó definitivo. Aquella niña no era como las niñas al uso, tenía una determinación y un carácter que no se los llevaba el viento. Y además, tenía una moto, una Rieju de 49 c.c., que con el tiempo hizo las delicias del personal y a ella le dejó tatuada en la frente la buena estrella que le acompaña en la vida.

De su madre heredó una generosidad desbordante, una vitalidad a prueba de bombas y una alegría insultante. Aquella magnífica señora jamás torció el gesto cuando un día tras otro, cuatro o cinco bocas hambrientas se presentaban en su casa después de las clases de natación y devoraban enormes bocatas de foie-gras mientras planeaban el resto de la jornada. Ana Mari nos trataba como a sus hijos y en aquella casa nunca sentías que molestabas, (Y vaya si molestabas, más que las moscas, seguro)

Como siempre pasa, el más listo de la pandilla le echo el ojo y no cejó hasta ponerle el anillo en el dedo. Pero entre los bocatas y el anillo, nunca dejó de ser una amiga estupenda, conversadora sin fin, convencida de sus ideas y polemista como una sufragista británica.

En mi época universitaria residente en Murcia, frecuentaba las casas de mis amigos de la playa que vivían en la capital, y siempre encontraba madres comprensivas que me daban de comer, y de cenar si se terciaba. En la casa de mi personaje comí y cené en muchas ocasiones, aunque el buen doctor de digestivo, D. Joaquín, que me diagnosticó en su día mi hernia de hiato, no recordaba haberme visto a su mesa, cuando surgió el tema la última vez que coincidimos. No me extraña, en aquella época casi no se me veía de frente ni de perfil.

En las sobremesas de aquellos días, en la cocina de Doctor Marañón, me enteré de que mi amiga Silvia andaba enredada en un negocio que sonaba a cristiano viejo de las catacumbas, de la época de las persecuciones de Nerón, los mártires, los circos romanos, los leones y los cristianos perseguidos por todas partes. Me contaba de su Comunidad, del Camino Neocatecumenal, de su fundador, de los ritos, de las celebraciones, de lo mucho que aquello le ayudaba en sus dudas y contradicciones.   

Ciertamente parecía haber descubierto el camino al paraíso y había puesto toda su voluntad en recorrerlo. Yo también había tenido mi época de fervor religioso, -no en vano vengo de una familia con fuertes convicciones religiosas, fui a colegio de religiosos y después de curas, y había sido monaguillo convencido-, me sabía la liturgia al dedillo y no andaba mal de los viejos y nuevos testamentos, con lo cual  tenía base suficiente para polemizar con aquella vehemente muchacha, el tiempo y las veces que hicieran falta.

Cuando el arroz solo era para cuatro

Mi amigo Ricardo, (siempre Kikar para mí) se llevó el gato al agua, se capuzó de lleno en el Camino y juntos iniciaron la vida para la que estaban destinados desde que ambos se cruzaron en sus respectivos caminos.

Ya los dos juntos, como buenos amigos que siempre fueron y lo serán mientras ellos quieran, andando el tiempo y bifurcados los caminos, nos rescataron a mi futura y a mí una aciaga noche en la estación de Atocha, en Madrid, sin un duro en el bolsillo, con los billetes del último tren en la mano, perdido por los pelos y completamente desamparados. Ellos, recién llegados a Madrid, para pasar unos días con su familia, no dudaron en volver a su Seat 850 azul, dejar a la familia, recogernos en Atocha, llevarnos hasta una gasolinera de Getafe y esperar allí hasta que un buen samaritano, pasada la media noche nos recogió y nos llevó hasta Albacete donde enganchamos nuestro tren perdido. Otro buen amigo, residente en Madrid y a quién primero recurrimos, se excusó por estar ya en pijama.

Cuando llegó mi boda, en su casa me vestí de novio, en su casa, allí, detrás del Museo Arqueológico, me hicieron una comida especial, y desde allí, en su 850 azul, (el “gorrino”, por una mancha blanca de pintura en una aleta trasera), me llevaron a la ceremonia.

Y con el paso de los años, recorriendo cada uno nuestro camino, siempre han intentado acercarme al suyo ¿Por qué? Porque  me quieren y quieren lo mejor para mí. Así de fácil y así lo he entendido siempre. Cuando una y otra vez me ofrecieron ser padrino de sus hijos a condición de hacer las catequesis y una y otra vez me negué porque nunca he sido amigo de condiciones, no hacían otra cosa que demostrarme su cariño. 

Bueno, tiene que haber de todo en la viña del Señor y no me han hecho falta las catequesis para querer a esa familia y disfrutar con ella todos los momentos que me han permitido compartir. Y he disfrutado cada comunión, cada boda, cada rato que he pasado con ellos, como en aquellos lejanos tiempos del bocata de foie-gras en los que me sentía, me siento, uno más de la familia.

Por eso, ayer, cuando caminaba despacio con Minimiriam en brazos, alejándola de los humos por el largo pasillo de aquella bulliciosa casa, mientras la madre, Silvia, como una Mamma italiana, recibía el cariño y las felicitaciones de sus gentes por el medio camino recorrido en la vida, rodeada de sus hijos, de sus nietos, de sus yernos y nuera, de sus hermanos caminantes, yo le daba gracias a Dios por haberme permitido conservarla como amiga. 

Silvia, gracias por ser mi amiga, gracias por mi fiesta sorpresa, como siempre, en el momento oportuno.

¡Felicidades, de corazón!

sábado, 19 de noviembre de 2011

Grillo Verde

Grillo verde (Tettigonia viridissima Linnaeus) 1

Grillo verde (Tettigonia viridissima Linnaeus) 2

Pues sí, al encontrarme esta pequeña joya del color de la esmeralda, yo también pensé que estaba retratando un saltamontes o una langostilla pequeña, y aunque se le suele llamar “saltamontes verde” o “langosta verde”, al parecer, las larguísimas antenas filiformes le delatan como un ensífero, esto es, un grillo, para más señas, un Tettigonia.

Y claro, metido en harina de grillos, y encima verde, ¿Cómo no me iba a acordar del grillo verde más famoso de todos los tiempos? Pepito Grillo, conciencia del articulado Pinocho y de todos los que en su día leímos sus aventuras y sufrimos con sus desventuras.

Que bien nos vendría hoy, 19 de noviembre de 2011, día de reflexión ante unas Elecciones Generales, desempolvar a nuestro Pepito Grillo particular y que nos echara un consejillo al oído, porque uno ya no sabe si votar con la cabeza, con el corazón, ... o con el estómago.

Pepito Grillo

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Ayer y Hoy




En el mismo centro en el que antaño se formaban los Maestros, ahora Profesores de Educación Infantil o Primaria en sus distintas especialidades, y en el que hacían sus prácticas con los maternales y los parvulitos como futuros maestros, hoy los nuevos Profesores se las entienden a diario con sus alumnos de Infantil y Primaria.

La Escuela Normal San Isidoro, fundada en 1844, se ha convertido en la Facultad de Educación, de la que ya no saldrán Maestros sino Graduados, el Colegio María Maroto ya no es Nacional ni de Prácticas, sino Regional y de Educación Infantil y Primaria y los Párvulos (hermosa palabra en desuso), se han quedado en Alumnos de Infantil.

Sin embargo, y a pesar de tanto cambio, las cosas no son tan distintas, los niños se llamen como se llamen, siguen siendo niños, revoltosos, alborotadores y vociferantes y los maestros, se llamen como se llamen también, siguen siendo esos seres, en su mayoría vocacionales, de paciencia infinita que se siguen encargando de echar al mundo hornada tras hornada de tiernos infantes con algunos conocimientos y una pizca de "uso de razón". (Aquello que necesariamente había de poseerse para tomar la 1ª Comunión)

Que en la misma pared coexistan los viejos con los nuevos rótulos constituye un hito en esta sociedad desmemoriada, que todo lo anterior a la tele en colores pretende borrarlo sistemáticamente.

martes, 28 de junio de 2011

El Cristo de Monteagudo

Castillo de Monteagudo. Murcia
Cuando durante los últimos cursos de la carrera conocí a José Luis Mazón, me resultó un tipo chocante, cargado de ideales extremosos e izquierdistas y que ya hacía sus pinitos por CC.OO. de las que acabó siendo letrado o asesor una vez terminados los estudios. Recuerdo que a pesar de sus ideas totalitarias y proletarias, tenía una mente abierta, era inquisitivo y poco conformista.

Con el paso de los años, ha protagonizado litigios de indudable carácter mediático y ha obtenido triunfos allá donde otros habrían desistido o simplemente no se hubieran planteado la controversia. Tiene un buen ojo justiciero, lo cual no le ha impedido convertirse en un "integrista talibán" decidido a liquidar todo lo que huela a incienso en lugar público, en aras a una mal entendida "preeminencia" del Derecho.

Me gustaba más el Mazón defensor de las causas perdidas que en su día conocí, que el "Preeminente Mazón", azote de cristos y cristianos. No "vale todo" por conseguir estar en el "candelabro" con actuaciones mediáticas y extravagantes, creo.

Vuelve a la senda, José Luis.

Cristo de Monteagudo. Murcia

laopinióndemurcia.es » Murcia
Sábado 25 de junio de 2011
Tribunales
Olga López Torres/ AGENCIAS

El Cristo se queda en Monteagudo


El Tribunal Superior de Justicia de Madrid desestima el recurso de la Asociación Preeminencia del Derecho que pedía la retirada de la estatua


El Cristo se queda en Monteagudo. Así lo ha determinado la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Madrid, que ha desestimado el recurso interpuesto por la Asociación Preeminencia del Derecho –cuyo presidente es el abogado murciano José Luis Mazón– contra la decisión de las administraciones públicas, que se negaron a retirar el símbolo religioso. El Sagrado Corazón de Jesús está ubicado en una parcela de la Administración General del Estado, en el castillo musulmán de la pedanía murciana de Monteagudo.

El TSJ de Madrid ha rechazado la retirada del monumento del Cristo de Monteagudo, una de las imágenes más representativas de la pedanía, que data de 1926. Inicialmente, la estatua estaba formada por el Cristo con los brazos abiertos, las imágenes de San Francisco de Asís y de San Francisco Javier, dos indios en actitud orante y un relieve de Santa María de Alcoque en el pedestal. Esta estatua fue destruida durante la Guerra Civil, pero se levantó una nueva en el mismo lugar, diseñada por el artista Nicolás Martínez, de 14 metros de alto y que fue inaugurada el 28 de octubre en 1951.

La petición de la retirada del cristo por parte de la Asociación Preeminencia del derecho se basa en una sentencia del Tribunal Europeo que obligó al Estado de Italia a retirar los crucifijos de los colegios públicos tras la queja de una madre, la cual «configura el derecho de libertad religiosa en el Convenio Europeo de Derechos Humanos obligatorio en España, así como en cumplimiento del derecho fundamental a la aconfesionalidad del Estado».

Asimismo, la Asociación entendía que puede ser aplicable «el artículo 14 de la Constitución española por cuanto permitir el uso de un espacio público con la estatua referida constituye un privilegio a favor de un símbolo católico en comparación con otra confesión religiosa distinta».

En la sentencia, el TSJ de Madrid expone que en España, como en tantos otros de similares tradiciones culturales y religiosas, «se aprecia en multitud de lugares públicos la presencia de símbolos de carácter religioso como crucifijos, monumentos o estatuas representativas de la figura de Cristo similares». Sin embargo, aclara que su mantenimiento «no es sino manifestación del respeto a dichas tradiciones y no imposición de unas particulares creencias religiosas, y en tal sentido no pueden entenderse como representativos de posturas de intolerancia hacia el no creyente en las mismas y así debe entenderse cuando de su mantenimiento se trata».

En definitiva, la sentencia indica que «la neutralidad e imparcialidad del Estado no es en forma alguna incompatible con la presencia de símbolos religiosos en lugares públicos que, como el presente, no son sino expresión de la historia y la cultura de España» que «inevitablemente está cargada de elementos religiosos e ideológicos perfectamente compatibles con el principio de laicidad positiva exigido por la Constitución Española». Así, conforme a la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, «la muestra de símbolos religiosos en aulas de educación es compatible con los derechos de libertad religiosa en sus vertientes positiva y negativa, con mayor razón lo será en espacios en los que, en principio, no se desarrolla una actuación del Estado».

En concreto, la Asociación Preeminencia del Derecho pidió al ministerio de Hacienda y a la dirección general del Patrimonio del Estado la retirada de la estatua del Sagrado Corazón de Jesús y el pedestal en el que están ubicados al considerar que se estaba utilizando un espacio público para fines religiosos.

La Asociación promovió el recurso por el Procedimiento Especial de Protección de los Derechos Fundamentales de la Persona, y las partes demandadas fueron el ministerio de Economía y Hacienda y la dirección general de Bellas Artes y Bienes Culturales, dependiente del Gobierno regional, ambos representados por el Abogado del Estado.

sábado, 11 de junio de 2011

Cuenta Cuentos

¿Realidad o Ficción?

Como un niño grande pero sin el como; no es cierto que tenga un ojo de cada color aunque debiera, por su capacidad para sintetizar puntos de vista de todos los colores. Lo que sí tiene es un pedazo de ojo crítico hiperdesarrollado, que le permite moverse por la vida como un moderno caballero andante al rescate de doncellas, justas causas e ideales de manual.

Si existiera el prototipo perfecto que encarnara los ideales al margen de intereses espúreos, de los “Indignados del 15-M”, en el minuto “0” del movimiento y antes de su corrupción absoluta, ese sería él. Desconoce el uso de algunas artes de la vida moderna: el cinismo la hipocresía y el servilismo no entran en su diccionario más que para aplicar sus correspondientes antónimos: vergüenza, decencia y rebeldía.

Este moderno juglar y cuenta cuentos es capaz de cautivar a la parroquia con sus palabras, independientemente de la edad o el perfil de sus parroquianos; como si del Flautista de Hamelín se tratara, te arrastra con su verbo fluido e incontenible a los confines de su mundo.

Muchas noches le echo de menos, y no por coyundas amorosas, sino por echar un rato en el quicio de la puerta o en el descansillo de la escalera, cuando con la escusa de un poco de leche, un huevo o cualquier otra fruslería entre vecinos, le dábamos a la lengua un rato en el intento vano de arreglar el mundo.

De puro idealista, e inquieto inconformista, ha mojado su pan en salsas políticas de todos los sabores y colores, hasta llegar a la conclusión de que como la salsa casera no hay nada, si se saben elegir bien los ingredientes y mezclarlos en sus justos términos.

El Valle de las Sombras

Fui testigo de sus fatigas de escritor novel buscando alguien que como él fuera distinto y capaz de acompañarle en su aventura literaria, de sus manuscritos en el cajón, de sus inicios con la Editora Regional murciana, de sus excursiones a Madrid y Barcelona, en busca del ansiado editor que arriesgara en un valor seguro pero desconocido.

¡Y lo ha conseguido el “jodío”!, peldañico a peldañico, con la misma sencillez y naturalidad del primer día, ahora se asoma a los escaparates del Corte Ingles a tamaño Pau Gasol de la mano de una de las grandes, sin padrinos ni pleitesías, solo con su curro y su personalidad arrolladora.

Este año he sufrido una frustración importante, hasta ahora, y contra viento y marea, no me he perdido una sola de las presentaciones que Jero ha hecho en Murcia de sus libros y en las que siempre ha contado con nosotros como miembros incondicionales de su tropa fiel. Este año no ha podido ser; por un inoportuno compromiso, me ví privado de asistir al penúltimo show literario montado en torno a “El Valle de las Sombras” y bien que lo sentí. Menos mal que al día siguiente me lo contó Marián con pelos y señales y pude llamarle con conocimiento de causa para darle la enhorabuena.

Quién no le conozca y tenga oportunidad de hacerlo, que lo haga; quién no le haya leído y pueda hacerlo, que lo haga también, es de una prosa cómoda y sencilla, que no te obliga a consultar el diccionario ni las notas a pie de página continuamente, que solo busca distraer y entretener y que, si al final le encuentras la moraleja a su historia, pues eso que te llevas.

En fin, un tipo auténtico del que puedo presumir como amigo, que ha estado ahí cuando ha hecho falta y aunque no lo parezca, al que no le debo nada, más que gratitud.

lunes, 6 de junio de 2011

Rodrigo y Benjamín

Benjamín y Rodrigo en su Primera Comunión

¡Para qué las prisas! Cuatro angelitos en disposición de tomar su Primera Comunión, tres familias y sus respectivos acompañantes expectantes ante la ceremonia, unos oficiantes que se hacen de rogar más de la cuenta y un vendaval helado a la altura de los tobillos de unos y los riñones de otros, fueron los aditamentos de una bonita ceremonia que, como siempre, nos recordó la nuestra propia perdida en la nebulosa de los tiempos, pero siempre presta a volver a la memoria cada vez que un diminuto uniformado de marinero, convenientemente planchado y repeinado, junta sus manos con cara de bueno y se dispone a recibir su Primera Comunión.

Y recuerdas que aquello era lo más grande del mundo, llevabas más que bien aprendida la lección que en la catequesis te habían inculcado, con tu medallita en el pecho, recién regalada para la ocasión, y el misalito Regina en las manos. Recuerdas como tu madre te hizo practicar la comunión a base de rebanaditas de pan, que había que disolver en la boca como fuera, sin morder, para no hacerle daño al Señor, ¡qué cosas!

También te acuerdas de tu primera pluma estilográfica –que no tenías ni idea de cómo funcionaba-, tu estuche de colores, tu caja de acuarelas, tus libros de cuentos, tus juegos, tus recordatorios y tu libro de firmas de Primera Comunión -que ahora tengo en mis manos-, con las tapas nacaradas y los filos dorados de las hojas, y que me recuerda, que al igual que Rodrigo y Benjamín comulgaron por primera vez un 4 de junio de 2011, yo lo hice un lejano 19 de mayo de 1966, con el mismo uniforme de marinero raso, los mismos nervios y la misma expectación.

Y al igual que ellos, tras la ceremonia, me lo pasé bomba en la celebración, aunque como yo no tuve la suerte de celebrarla en pareja como ellos, tampoco pude experimentar lo que se siente cuando te sale un chichón del tamaño de un huevo de codorniz, después de colisionar de frente con mi compañero de fatigas.

El clan de los Alonso Alfonso cierra con éxito el capítulo de las Primeras Comuniones de sus vástagos, centrándose de lleno en el de bodas y nietos, que no es poca cosa.

jueves, 2 de junio de 2011

Mariolina

Mariola y Juan Ignacio

Son como flashes, cuando pienso en ella me vienen a la memoria siempre las mismas imágenes, la de un conguito tembloroso y suplicante hacia su insensata madre, mientras esta la depositaba sin contemplaciones en mis brazos para aprender a nadar, o la de una niñita pequeña que hablaba y cantaba y cantaba y hablaba sin cesar, o aquella vestida de blanco para tomar la Primera Comunión, mientras me esforzaba en buscar la mejor foto que reflejara aquel ángel.

¡Una pareja de cine!

Ya más mayor, la recuerdo acurrucada junto a su padre en el sofá del salón recibiendo las carantoñas paternas, o disfrazada de bruja con dos amigas para salir de fiesta, o presentándonos a su novio, su Juan Ignacio, como los mejores amigos de sus padres. Y de repente, me la encuentro de nuevo vestida de blanco, radiante, preciosa, rebosante de felicidad, pletórica, toda una mujer, segura de sí misma, rodeada de los que la quieren, sus padres, Tono, su familia, sus amigos ¡cuantos amigos!

Llegando a la meta e inaugurando un matrimonio

A distancia, pero no demasiada, la he visto crecer, buscar su camino, recorrer muchos senderos hasta encontrar el suyo, y ahora continúa su andadura junto a Juan Ignacio, que solo por como la mira, ya delata lo que la quiere y seguro que sabrá hacerla feliz, porque de no hacerlo, ¡prepárate Juanito!, que la oreja que te dejó libre su padre en el Altar, tiene tantos pretendientes como gente quiere a tú mujer, ¡y somos un montón!

sábado, 26 de marzo de 2011

Querida Anita:



¿Recuerdas que bien lo pasamos?, no hace mucho quedamos en vernos de nuevo para las próximas vacaciones y celebrar tu noventa cumpleaños, y hoy me entero, de improviso, que no vas a acudir a la cita. Al principio he sentido rabia e impotencia por lo inesperado de tu marcha que me ha impedido despedirme en condiciones; después, más calmado, me he dado cuenta que no se trataba de lo que yo quisiera sino de lo que tu dispusieras y me he conformado, a regañadientes, pero lo he hecho.

Me han contado que ayer tuviste un buen día, que lo disfrutaste en familia saliendo por unas horas de San Camilo para agasajarles como tú sabes y despidiéndoles hasta la próxima, con los ojos algo húmedos y cubriéndoles de besos. Y te fuiste a la cama echando de menos a tu Cesar, como todas las noches, como todos los días y quizá, solo digo quizá, anoche os echasteis tanto de menos que no pudisteis esperar más para reuniros de nuevo.

Me gusta oír tu voz al teléfono y tus risas cuando te saludo con mi ¡hola guapísima! de siempre y como te interesas por mis chicas, por sus cosas, como me agradeces una y mil veces mis llamadas, como te emocionas con cualquier palabra cariñosa y cuanto nos quieres, porque sé que nos quieres, que nos has tenido en tus oraciones en los momentos difíciles y que has pedido por nosotros a tu Cesar y a toda la Corte Celestial cuando más falta nos hacía.


Ahora ya no voy a tener que pensar si estás en tu habitación, en el comedor o de paseo por los pasillos de San Camilo para calcular la mejor hora de llamarte, pues vamos a poder conversar en cualquier momento, sin telefonista, cuando nos apetezca, te seguiré llamando, a ti y a Cesar a esa San Camilo celestial en la que ahora volvéis a estar juntos y te contaré nuestras cosas, como siempre, pero ahora también aprovecharé para pediros vuestro amparo. Espero no abusar.

Me despido ya, pero me quedo con tu voz alegre y siempre joven, con tu sonrisa, con tu cariño, con tu ánimo, con tus pasos cansados, con tus lágrimas furtivas, con tus entrañables mensajes en el contestador que oíamos una y otra vez sin borrarlos y con tus besos apresurados en las despedidas. Me apena que te hayas ido y hoy  también yo te lanzo un puñado de besos apresurados.

martes, 15 de marzo de 2011

Mensaje subliminal

RAE. subliminal.
(De sub- y el lat. limen, -ĭnis, umbral).
1. adj. Psicol. Que está por debajo del umbral de la conciencia.
2. adj. Psicol. Dicho de un estímulo: Que por su debilidad o brevedad no es percibido conscientemente, pero influye en la conducta.

Wikipedia. Un mensaje subliminal es una señal o mensaje diseñado para pasar por debajo (sub) de los límites normales de percepción. Puede ser por ejemplo, inaudible para la mente consciente pero audible para la mente inconsciente o profunda; puede ser también una imagen transmitida de un modo tan breve que pase desapercibida por la mente consciente pero aun así, percibida inconscientemente.

 
Caldera de 1963. Monumento a la cerveza
En mis tiempos universitarios la cerveza ya corría con alegría entre la muchachada murciana; la cerveza y los cubatas, con diferencia sobre el vino, aunque el calimocho tenía cierto predicamento. Pero la cerveza era la reina y "las tascas" se ponían de bote en bote todos los días de la semana. El Paleto, La Taberna, El Candil, El Cuervo, La Cosechera, El Refugio ... y tantas otras por las que deambulábamos impenitentes al olor de los jalufos, los montaditos o las tostadas con queso fresco y sobrasada.

La caña era la medida básica equivalente a 0,25 lt., luego estaban el tubo, la jarra, el tanque y la jarra comunitaria con tres dedos de espuma; y si la querías en botella, el quinto, el tercio y el litro. Básicamente como ahora, aunque se disfrutaba más, ya que el tiempo que le dedicábamos no había que compartirlo con toda la cacharrería electrónica que ahora le quita protagonismo.

Te sentabas con l@s colegas alrededor de una mesa pequeña en taburetes de anea, con una jarra de cerveza y sus correspondientes vasos, y un plato de cascaruja o de algo más contundente si había hambre y pasta; y básicamente bebías, comías y charlabas, sin que a cada momento te sonara el móvil o estuvieras más atento al pinganillo del mp3 que a tus amigos.

Estrella de Levante. La de aquí.

Entre tanto, justo en la intersección entre Espinardo, el acceso al Campus y el camino del Cementerio, la fábrica de Estrella de Levante cumplía a la perfección con dos cometidos: el primero, producir buena cerveza e identificarla con nuestra Región, y el segundo, más sutil, dejar grabado en el subconsciente individual y colectivo, la imagen de sus grandes depósitos plateados con el anagrama de la marca, -a fuerza de pasar una y otra vez por delante de ellos camino de la Universidad y ocasionalmente del Cementerio-, de modo que pocos habitantes de la Capital, pudieran sustraerse al subliminal mensaje cervecero, que incrementa el deseo por el liquido elemento.

Y es tanta la dependencia que la rica cerveza ha generado en la sociedad murciana, que le hemos puesto un tranvía hasta la puerta y la Estrella, como Faro de Alejandría, ha donado su más preciada caldera para adorno de la intersección, que ahora se llama rotonda y promete convertirse, con el tiempo, en lugar de culto y celebración de los logros deportivos. Eso sí, habrá que instalar unas docenas de grifos y el éxito será rotundo.

miércoles, 9 de marzo de 2011

La mili que se fue


Hoy se cumplen 10 años del final de la mili obligatoria. El Real Decreto de 9 de marzo de 2001 supuso el punto y final a más de 200 años de servicio militar obligatorio en España. Vaya por delante que yo no hice la mili porque me pasé cinco años pidiendo prórrogas por estudios hasta que por "culpa" de la miopía resulté "excluido total del contingente militar" en noviembre del 83. Pero para llegar a este "final feliz" en mi carrera militar, hube de pasar por un momento culminante de incertidumbre que paso a relatar.

Una vez se me acabaron las prórrogas por estudios, y por medio de la Policía Municipal de Cartagena, fui citado para comparecer ante la Junta de Clasificación y Revisión al objeto de ser reconocido por los Vocales Médicos de la misma.

Según la citación, debía presentarme entre las 5 y las 9 de la tarde del día en cuestión en el Hospital de Marina de Cartagena. Como a la sazón y por mor de mis estudios residía en Murcia, preparé mi equipaje para la pernocta en el Hospital y allá que me fui. Allí coincidimos un grupo de mozos, ya un poco talluditos para aquello de la mili, a los que se nos habían acabado las excusas dilatorias para cumplir con la madre Patria.

En un pabellón enorme, con hileras de camas a los lados, pasamos inquietos la noche a la espera del temido reconocimiento que nos declarara aptos o inútiles. Ni que decir tiene que allí todos nos sentíamos unos inútiles redomados. A la mañana siguiente, en una fila silenciosa de calzones y camisetas blancas, nos enfrentamos al comandante médico y su ayudante.

Uno a uno nos midieron, nos pesaron, nos auscultaron, y acabamos ante la tabla optométrica para medir la agudeza visual del personal. El comandante se encontraba ligeramente adelantado y su ayudante quedaba a su espalda; cuando el mozo que me precedía comenzó a contestar a sus preguntas sobre el contenido de la tabla, el ayudante disimuladamente empezó a hacerle señas, hasta que el jefe médico, que no tenía un pelo de tonto, se dio cuenta de que el mozo tramposo miraba más por encima de su hombro que a la dichosa tabla. Girarse de improviso y trincar al ayudante en plena mueca, fue todo uno.

¡Menudo rebote se cogió!, el ayudante se diluyó literalmente, el reconocimiento quedó suspendido y nos devolvieron a todos al pabellón con nuestros calzones y camisetas de tirantes hasta la mañana siguiente. El colega tramposo se justificó como pudo, el ayudante era conocido suyo y habían urdido un plan infalible para fracasar en la medición de la agudeza visual. Infalible hasta que los pillaron.


Si la primera noche ya nos resultó tensa, la segunda para qué contar, ninguno dormimos, tampoco hablamos. Por la mañana vuelta empezar, sin ayudante, mano a mano con el jefe, sesión interminable de letras y números, pupilas dilatadas, fondos de ojo escudriñados y sensación de gusanos despreciables hasta que nos soltaron. Después de una semana de incertidumbre llegó la ansiada “exclusión total”. Hasta mucho después no supe que el colega tramposo se chupó una mili de las largas. Mentiría si dijera que no me alegré un poquito.

La mayoría de mis conocidos no hizo la mili, aquello de las prórrogas por estudios que se continuaban con las exclusiones por tener hijos y demás triquiñuelas, aligeró de universitarios los cuarteles. Sin embargo, algunos sí la hicieron y de buen grado, como el bueno de Antonio, al que un día cualquiera del 85 acompañamos su padre y yo al Cuartel de Instrucción de Marinería de Cartagena. Con su petate, un bocadillo y su sonrisa de oreja a oreja, atravesó aquellas enormes puertas para cumplir con la Patria en la Armada, la mili más larga de todas, en su destino soñado: la mar y el PVZ 34 Alcanada, el patrullero de altura donde templó el carácter y se convirtió en el marino que nunca dejará de ser.

No siento haberme perdido la mili, pero sí es cierto que cuando Antonio rememora la suya a bordo, un cosquilleo de envidia me recorre el cuerpo.

sábado, 5 de marzo de 2011

Orejudo


Mi tío Cesar me apadrinó en el bautismo; era el hermano mayor de mi madre y también fue su padrino de boda en sustitución de su padre, asesinado durante la Guerra Civil. Catedrático de la Escuela Normal en la Universidad de Salamanca, era alto y espigado, con una frente despejada y un perfil que siempre me recordó al de Don Quijote.

Lo recuerdo como una persona enérgica, estricta y fundamentalmente culta. Sabía mucha, mucha historia del arte y la transmitía con tal entusiasmo que encantaba a sus alumnos, como solo un enamorado de su profesión podría hacerlo. Desafortunadamente no tuve demasiadas oportunidades para disfrutar de su ciencia, pero sí guardo con cariño algunos momentos de nuestra relación.

Como aquel en su casa-museo de Salamanca, que visitamos de pasada camino de Galicia, cuando al escuchar unos extraños “clapeos” que provenían del exterior, y al asomarnos a las ventanas, nos explicó que aquel curioso ruido lo producían las cigüeñas instaladas en las “picorutas”, como él llamaba a los remates que coronan la Catedral de Salamanca y aprovechó la ocasión para contarnos su historia, estilos y curiosidades, en el marco de un magnífico atardecer sobre la Catedral.

Entre aquellas curiosidades nos contó como algunas viejas vigas de madera del tejado de la Catedral Vieja, retiradas para su reparación, habían ido a parar al taller de un artesano afincado en Cabrerizos, localidad cercana a Salamanca, y que las utilizaron como materia prima para realizar tallas mediante antiguas técnicas de policromía, tomando como modelo imágenes de corte románico. A las tallas realizadas les quedaron algunos cantos lisos sin labrar, para dejar constancia de su origen.


Una pequeña Virgen con Niño, de unos 30 cm de altura y procedente de las antiguas vigas, formaba parte de la colección de arte que a lo largo de los años habían atesorado mis tíos en aquella casa. Al comprar su casita veraniega en San Javier, se la llevaron allá y cuando iba de visita siempre marchaba con la misma petición, quería aquella imagen como recuerdo de mi padrino.

Sin tiempo para despedidas, en una fría y desapacible tarde castellana, con el viento tocando a duelo en los árboles del cementerio, dijimos adiós a D. Cesar en su Salamanca de adopción. Poco a poco había entrado en la nebulosa intemporal que todo lo borra, hasta que sin darse cuenta, se fue en paz.

Aquella imagen, que siempre asocié a mi tío y su amor por el Arte y su Historia, fue a parar a casa de una de sus hijas, la pequeña como él la llamaba, y allí la encontré un día de visita. Recordé las cigüeñas, las charlas sobre historias familiares, su disposición a prestarme ayuda la única vez que recurrí a él, mi orgullo porque fuera mi padrino, y le recordé mi interés por ella. Cuando ya nos íbamos, entre besos y despedidas, su pequeña, generosa, apareció con ella en las manos, y la Virgen continuó su peregrinaje familiar desde aquellas decimonónicas vigas a mi dormitorio, donde el recuerdo de mi padrino me despide por las noches y me saluda a la mañana, en la paciente espera de su futuro destino.

Muchas gracias.

domingo, 27 de febrero de 2011

Emparedada

Torre desde la calle La Fuensanta
Si hay algo que destaca en el horizonte murciano cuando te acercas a la ciudad por cualquiera de sus cuatro puntos cardinales, ese algo es la Torre de la Catedral, que con sus 98 metros a la punta de la veleta, hasta hace muy poco constituía el referente indiscutible en el skyline murciano. Renacentista, plateresco, barroco, rococó y neoclásico, son los estilos arquitectónicos que se superponen a lo largo de los más de dos siglos y medio que llevó su construcción.

Además de torre, es campanario, nada menos que 25 campanas se alojan en su interior, cada una con su nombre, desde la más antigua, La Mora, hasta la última, La Nueva, y que con su tañido llevaron y llevan hasta los confines de la huerta el anuncio de riadas, guerras, defunciones, celebraciones y fiestas, vamos, como el twitter o el facebook de ahora.

La última vez que subí a la Torre de la Catedral fue hace muchos, muchos años, con la intención de tirarle los tejos a una moza en la soledad de sus alturas. La jugada no me salió como esperaba, porque apareció guarnecida por una nutrida parentela que me impidió dar rienda suelta a mis anhelos. La moza se escurrió en aquel momento, y bajé con las orejas gachas y calambres en los gemelos, pero con el tiempo acabó sucumbiendo a mis múltiples encantos, tal como me había sucedido a mí con los suyos.

Cuando todas las mañanas paso presuroso por la intersección entre las calles Isidoro de La Cierva y La Fuensanta, no dejo de echar una fugaz mirada a la torre que al fondo se aparece, emparedada entre dos anodinos bloques de hormigón y cristal que aún resaltan más su belleza de caliza dorada y me recuerda aquel fugaz asalto de juventud.

A mi chica.

viernes, 18 de febrero de 2011

Huertos familiares. 1950

Cuando empiezas a rebuscar en una caja de lata con fotos antiguas, es sorprendente la cantidad de curiosidades que surgen de su profundidad insondable. Eso ocurrió una tarde de febrero cuando al preguntarle a mi padre por una foto del abuelo Isidro, en una plaza de toros con su puro en ristre, se fue a buscar la vieja caja y empezamos a investigar.

Revolvimos durante un buen rato entre los retazos de historia en blanco y negro envejecido. Por allí desfilaron antepasados ilustres, situaciones históricas, eventos familiares y hasta un servidor en paños muy menores en su tierna infancia, pero ni rastro de la foto del puro.

Intenté retener en la memoria cuantos datos llegaban acompañando a las fotos, y eran muchos, mi padre no necesita “pen drive” para almacenar unos cuantos megabytes de información en su memoria personal. Yo en cambio he de suplir la falta de recuerdos con la búsqueda planetaria por medio de Internet. Nuevos tiempos, nuevos recursos.

Entre las fotos que me resultaron curiosas había dos, según la nota manuscrita de D. Isidro, relativas a la entrega de unos “huertos familiares” en La Granjuela, localidad cercana a Peñarroya-Pueblonuevo de donde a la sazón era alcalde. ¿Qué sería eso de los huertos familiares? Ya en casa, abrí la ventana al mundo y empecé a bucear en el pasado con los resultados siguientes:

La Vanguardia. 19 de octubre 1950 (En referencia al mes de julio)

En primer lugar contrasté la noticia de la entrega de los huertos familiares en los periódicos de la época; tanto el ABC como La Vanguardia se hicieron eco de la entrega de los huertos a “28 jornaleros agrícolas o pobres de solemnidad”, a la que asistió el Gobernador Civil de la provincia, D. José María Revuelta, el Obispo de Córdoba, así como las autoridades provinciales, comarcales y locales, que en conjunto debían ser tantos como jornaleros beneficiarios, quienes tras la oportuna bendición de los huertos, recibieron los títulos acreditativos. Y ahí estaba mi abuelo haciendo entrega de los huertos a sus paisanos.

Acto de etrega de los huertos familiares. La Granjuela, julio 1950

¿De donde surgió la idea? La explicación a sus orígenes la encontré en un documento titulado “Los Huertos Familiares de la provincia de Córdoba. Estudio de la obra realizado por el Instituto Nacional de Colonización”, de Bartolomé Valle Buenestado y se puede consultar en la siguiente dirección:

http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1249213

Sólo destaco unos párrafos del documento:

“Los huertos familiares suponen una experiencia agraria llevada a cabo por el Instituto Nacional de Colonización que tiene su origen en un decreto de 12 de Mayo de 1949, mediante el cual se autorizaba al mencionado instituto para adjudicar en venta aplazada a los Ayuntamientos las fincas que adquiriese y que fueren aptas para el establecimiento de huertos familiares o para su aprovechamiento comunal”.

Se entendía por huerto familiar “toda pequeña parcela de regadío, próxima a un poblado, en la que una familia campesina pueda obtener, empleando en su cultivo las horas libres de trabajo, productos hortícolas con los que atender sus necesidades elementales de consumo directo”

No solo se adquiría la tierra, también se procedía a su ordenación rural, parcelación y puesta en regadío, así como a la construcción de viviendas en aquellos lugares donde se juzgaban necesarias.

Los huertos no podían exceder las 20 áreas (media fanega) de superficie y una vez eran entregados a los beneficiarios, estos pasaban a disfrutar de él a cambio de un pequeño cánon que primitivamente se estableció en 12,50 pesetas mensuales, y que en la fecha del estudio (1977), no excedía de 150 pesetas por la tierra y 40 por la casa.

Beneficiarios de los huertos familiares de La Granjuela. Los 28 y alguno más
En otro documento titulado: “Anexo I.4. La observación del territorio: el caso del Valle del Guadiato”, que forma parte de la tesis de M. Ambrosio, se dice en relación a los servicios públicos e infraestructuras de Peñarroya-Pueblonuevo en la época en que D. Isidro fue alcalde:

“A finales de los cuarenta, casi tres cuartas partes de las calles de Pueblonuevo contaban con alcantarillado y el 10% de Peñarroya. A pesar de estas mejoras en el ornato público, al inicio de los cincuenta las condiciones de insalubridad y hacinamiento seguían estando muy extendidas; el déficit de viviendas en ese momento seguía siendo muy grave. Aun cuando comienza el declive de la actividad industrial y da comienzo la fuerte emigración en la comarca, se mantuvieron iniciativas de construcción de viviendas y barrios para los obreros, algunas de ellas con huertos familiares para atender el autoconsumo y otros auspiciados por el Obispo de Córdoba, Fray Albino”.


El bueno de D. Isidro que fue alcalde tras la guerra, y que tuvo que sortear con imaginación la hambruna de los cuarenta  para que no se le murieran sus paisanos por las calles, buscando alimentos bajo las piedras y recorriendo los cortijos con un camión del ayuntamiento, en busca de algo que llevar a sus mesas, aquel que entregó los primeros huertos familiares a los campesinos y pobres de solemnidad, y que hermoseo la Plaza del Mercado con los pocos recursos a su alcance, el mismo que nunca utilizó los cargos públicos para medrar ni enriquecerse, no mereció sin embargo ser recordado por sus vecinos en el callejero municipal, como sí lo fueron otros alcaldes.

No hay problema, porque aquí estoy yo para dedicarle una calle en Internet con la siguiente inscripción: ¡Alcalde, torero, los huertos de La Granjuela llevan tu sello! ¡Y olé!