lunes, 19 de marzo de 2012

La Gacela de Santa Pola



Vaya por delante que el personaje de hoy es mi amigo y cualquier exageración será pequeña. Qué mejor día que el Día del Padre para  dedicárselo y es que habrá pocos padres que puedan presumir de buena mañana, de recibir 14 felicitaciones de sus 14 hijos.

Aunque así de entrada parezca un poco excesivo, cuando conoces a su parentela, casi se te queda corta, porque son unos niños tan estupendos que no te importaría que hubiera media docenita más, y seguro que al padre tampoco le habría importado.

Un poco excesivo le veo en eso de las carreras, que digo yo que lo de andar trotando por esas medias maratones de Dios, a punto de echar espumarajos por la boca y bordeando el síncope, no debe de ser muy sano, por mucho que lo recomienden y por muchos que lo practiquen. Donde esté el paseíto mañanero, que se quite el trote cochinero (con perdón)

Excesivo en el trato con los que le rodean, caluroso y acogedor, te ofrece lo que tiene y lo que no tiene, se va a buscarlo para dártelo también. Como hijo de familia numerosa y padre de numerosísima familia, está más que acostumbrado a compartir y repartir y me han dicho que reparte unas raciones de paella que quitan el hipo.

Hay algo que resulta un misterio para mí, casi tan gordo como el de la Trinidad, y es la forma en que la Gacela estira el tiempo como si fuera Mr. Elástico de los 4 Fantásticos. Las mañanas y las tardes las dedica a trabajar, mayormente durmiendo gente, no por aburrimiento sino con anestesia, y cuando el resto de los mortales se iría a descansar, él se calza las deportivas y a trotar por el río o por el malecón, o a dar pedales si se tercia. En llegando la noche, muchas de ellas coge el portante y se va a la cosa religiosa, que también llena buena parte de su existencia y le sirve de combustible para lo demás. Y aún le queda tiempo para los arroces en el campo, para disfrutar de sus nietas y para irse de excursión a ver al Papa cuando se va a la otra punta del mundo a reunirse con la Juventud.

Y tanto ir y venir le sirve de excusa para mantener una pasión de juventud, la moto. El dice que por necesidad, que le permite llegar rápidamente al trabajo, evitar retrasos y aparcar en la puerta. Excusas baratas; desde que lo conozco, se le ilumina la cara cuando se sube a una moto, y ahora, gracias a Dios, por lo menos se pone el casco.

Feliz Día del Padre y... ¡Tira millas, Gacela!