jueves, 17 de marzo de 2011

Atrapachicles


Bien mirada, parece la “furgo” de los cazafantasmas y al operario solo le falta el casco, el artilugio en la mochila y que en vez de echar agua por el tubo, este aspire todo tipo de masas materiales e inmateriales. El "atrapachicles" junto con la "motocaca", constituyen la prueba irrefutable de nuestro incívico proceder en la vía pública, y a los que se habrá de añadir dentro de poco el "chupacolillas" o cenicero móvil.

No digo yo que todos nos vayamos dejando las cacas de los perritos allá donde estos las planten, que cada vez se ven más dueños bolsa en ristre a la caza de la caca calentita, y aún así, aún quedan muchas a la espera de que algún incauto se las lleve puestas al caminar. Hasta que la ordenanza municipal del ramo no se ha puesto persuasiva a base de multas, al personal le ha costado concienciarse de la conveniencia de hacerse cargo de sus cacas perrunas.

A lo que iba, que me disperso, no es casualidad que los operarios de los servicios de limpieza vistan de naranja chillón, sobre todo alguno de ellos como el que hoy me ocupa, el atrapachicles; su trabajo es metódico, paciente, exacto, con movimientos calculados y una gran autodisciplina que le permite pasar una hora sobre la misma baldosa para disolver tres chicles. Y no es casualidad, porque es un alma gemela de los monjes shaolines, que con sus vistosas túnicas de riguroso naranja chillón y su legendaria autodisciplina, son ejemplo de profesionalidad y autocontrol.


Hasta que no he visto al atrapachicles en acción, no he sido consciente de la cantidad de chicles por metro cuadrado que adornan nuestras calles; son cientos, miles de pegotes negros que miden el nivel de educación cívica de que disfrutamos los paisanos y a juzgar por la cantidad, el nivel es más bien bajo.

Dos soluciones:

Primera: Modificar la composición de los chicles para que sean biodegradables en vez de indelebles.

Segunda: Incluir en la asignatura de “Educación para la ciudadanía y los derechos humanos” un par de capítulos dedicados a la urbanidad y al comportamiento social, en los que se enseñen cosas sencillas como: no escupir en la calle, no orinar por las paredes, no tirar papeles, chicles o colillas al suelo, cruzar las calles por los pasos de cebra, dejar salir antes de entrar, pedir por favor, dar las gracias… vamos, conceptos sencillitos al alcance de cualquiera, sin connotaciones políticas o religiosas, pero suficientes para recuperar el necesario equilibrio social entre semejantes que compartimos espacios públicos.

martes, 15 de marzo de 2011

Mensaje subliminal

RAE. subliminal.
(De sub- y el lat. limen, -ĭnis, umbral).
1. adj. Psicol. Que está por debajo del umbral de la conciencia.
2. adj. Psicol. Dicho de un estímulo: Que por su debilidad o brevedad no es percibido conscientemente, pero influye en la conducta.

Wikipedia. Un mensaje subliminal es una señal o mensaje diseñado para pasar por debajo (sub) de los límites normales de percepción. Puede ser por ejemplo, inaudible para la mente consciente pero audible para la mente inconsciente o profunda; puede ser también una imagen transmitida de un modo tan breve que pase desapercibida por la mente consciente pero aun así, percibida inconscientemente.

 
Caldera de 1963. Monumento a la cerveza
En mis tiempos universitarios la cerveza ya corría con alegría entre la muchachada murciana; la cerveza y los cubatas, con diferencia sobre el vino, aunque el calimocho tenía cierto predicamento. Pero la cerveza era la reina y "las tascas" se ponían de bote en bote todos los días de la semana. El Paleto, La Taberna, El Candil, El Cuervo, La Cosechera, El Refugio ... y tantas otras por las que deambulábamos impenitentes al olor de los jalufos, los montaditos o las tostadas con queso fresco y sobrasada.

La caña era la medida básica equivalente a 0,25 lt., luego estaban el tubo, la jarra, el tanque y la jarra comunitaria con tres dedos de espuma; y si la querías en botella, el quinto, el tercio y el litro. Básicamente como ahora, aunque se disfrutaba más, ya que el tiempo que le dedicábamos no había que compartirlo con toda la cacharrería electrónica que ahora le quita protagonismo.

Te sentabas con l@s colegas alrededor de una mesa pequeña en taburetes de anea, con una jarra de cerveza y sus correspondientes vasos, y un plato de cascaruja o de algo más contundente si había hambre y pasta; y básicamente bebías, comías y charlabas, sin que a cada momento te sonara el móvil o estuvieras más atento al pinganillo del mp3 que a tus amigos.

Estrella de Levante. La de aquí.

Entre tanto, justo en la intersección entre Espinardo, el acceso al Campus y el camino del Cementerio, la fábrica de Estrella de Levante cumplía a la perfección con dos cometidos: el primero, producir buena cerveza e identificarla con nuestra Región, y el segundo, más sutil, dejar grabado en el subconsciente individual y colectivo, la imagen de sus grandes depósitos plateados con el anagrama de la marca, -a fuerza de pasar una y otra vez por delante de ellos camino de la Universidad y ocasionalmente del Cementerio-, de modo que pocos habitantes de la Capital, pudieran sustraerse al subliminal mensaje cervecero, que incrementa el deseo por el liquido elemento.

Y es tanta la dependencia que la rica cerveza ha generado en la sociedad murciana, que le hemos puesto un tranvía hasta la puerta y la Estrella, como Faro de Alejandría, ha donado su más preciada caldera para adorno de la intersección, que ahora se llama rotonda y promete convertirse, con el tiempo, en lugar de culto y celebración de los logros deportivos. Eso sí, habrá que instalar unas docenas de grifos y el éxito será rotundo.

lunes, 14 de marzo de 2011

Viaducto sobre el rio Segura

Panorámica del viaducto en la A-7 desde la margen derecha del rio Segura

Detalle del arco en el viaducto en la A-7 sobre el cauce del rio Segura

Viaducto en la A-7 salvando la vega del rio Segura

Zona ajardinada bajo el viaducto en la A-7 sobre la vega del rio Segura

Detalle de las plataformas del viaducto en la A-7 sobre el rio Segura

domingo, 13 de marzo de 2011

Pasarela de Manterola

Pasarela de Manterola sobre el rio Segura
Lo más parecido a un puente colgante de esos de cadenas o cuerdas con tablazón inestable es la Pasarela de Manterola. Un mástil enorme y tropecientos cables de acero tienen la culpa. Que según la cantidad de pasajeros, el ritmo de su caminar y el punto en el que se encuentren, hacen de cruzar la pasarela una aventura digna de Indiana Huerta.

Da lo mismo el sentido de la marcha, tú comienzas a atravesar el tablero con paso confiado; de primeras bien, pero según te acercas al centro, aquello empieza con el bamboleo, que parece que estés sobre una alfombra mágica a punto de alzar el vuelo. El estómago y la cabeza intentan acompasarse al suave balanceo y cuando llegas al otro extremo y pisas tierra firme, parece que vayas a pasar la prueba de la alcoholemia y no encuentres la linea recta.

Lo peor es si te paras a mirar por la baranda, que si los patos por aquí, que si un cisne por allá, que si la espuma que lleva el río y cuando te quieres dar cuenta pareces un pato mareado intentando salir del atolladero, con las piernas bien abiertas y balanceando los brazos para mantener el equilibrio. Si no tienes barco no importa, un rato en la pasarela y acabas sintiéndote como un lobo de mar.

¿Exagerado? Anda, prueba un rato y ya me cuentas.

viernes, 11 de marzo de 2011

Patio de vecinos

Iglesia de San Lorenzo. Murcia
En la iglesia de San Lorenzo de Murcia tiene su sede la Cofradía del Santísimo Cristo del Refugio, que saca por las calles de la ciudad la procesión del Silencio el Jueves Santo.

Esta procesión se caracteriza porque se apaga el alumbrado público de las calles por donde pasa, y el silencio sólo se rompe por el sonido del tambor que lleva como acompañamiento, y el cántico de los grupos corales distribuidos por el recorrido.

La iglesia actual diseñada por Ventura Rodríguez, de estilo neoclásico con elementos barrocos, la edificaron entre 1788 y 1810 sobre un templo anterior que a su vez había aprovechado la estructura de una mezquita preexistente. El templo cuenta anexa en su costado izquierdo con la Capilla de la Comunión, rematada por una pequeña cúpula.

Estoy seguro que desde la mezquita original, el templo se encontraba en una situación desahogada en relación a su entorno, y que cuando se diseñó el actual, el arquitecto no contó con la voracidad urbana que prácticamente ha engullido entre anodinos edificios de mayor altura la coqueta iglesia, incorporando la Capilla de la Comunión al común patio de vecinos, de tal modo que podría decirse que el Señor, presente en la Capilla, se encuentra a su vez en la casa de todos ellos. 

Mariposas de aceite

Ésta sobrevenida situación de la Capilla, me recuerda las antiguas capillas domiciliarias, aquellas con una Virgen o un Santo en su interior, que se repartían por las casas de las personas pertenecientes a una asociación o “coro” de devotos y que se encargaban de llevarlas de una casa a otra, donde permanecían por unos días.

En mi familia la tradición venía de antiguo, ya mi abuela Doña Cortes perteneció a una de aquellas congregaciones. La capilla que yo recuerdo contenía un Sagrado Corazón y visitaba frecuentemente nuestra casa; venía a ser una caja de madera con el frontal de cristal y dos puertas que se cerraban con una aldabilla para transportarla. En la parte inferior tenía una pequeña hucha para depositar los donativos que cada familia tuviera a bien entregar y en uno de los laterales solía llevar una hoja con el itinerario previsto y algunas jaculatorias para la ocasión.

La capilla generalmente se colocaba en un lugar de honor, y en ocasiones, como señal de oración y respeto, se encendían unas lamparillas de aceite, en las que navegaban unos pequeños círculos de corcho y cartón atravesados por una mecha (mariposas), que se mantenían encendidas mientras la "visita" de la capilla domiciliaria estaba en la casa.

Son recuerdos de niñez que vuelven nítidos a la memoria, espoleados en este caso por la imagen de una pequeña capilla incorporada al patio de vecinos de una comunidad murciana.

jueves, 10 de marzo de 2011

La misa del PP


¿Qué mejor sitio para empezar la campaña electoral que la casa de Dios? Los peperos de Poio (Poyo para los amigos) han tenido la feliz idea de contar con la ayuda divina para poner al día a la feligresía sobre sus bondades. Quizá habría sido más impactante, si hubieran conseguido que el oficiante se pusiera la casulla azul y sacar la instantánea en el momento de dirigirse a los feligreses-electores desde el púlpito-atril, convenientemente decorado que puede verse a la izquierda de la imagen.

Yo no se de que se quejan o extrañan, o ¿es que no vemos a la Iglesia representada por párrocos, obispos y cardenales en multitud de ocasiones en actos políticos, sin que nadie se rasgue las vestiduras? Las nuevas técnicas de marketing tienen estas cosas y los tiempos avanzan que es una barbaridad. Aún así, y con todo, al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Amén.

miércoles, 9 de marzo de 2011

La mili que se fue


Hoy se cumplen 10 años del final de la mili obligatoria. El Real Decreto de 9 de marzo de 2001 supuso el punto y final a más de 200 años de servicio militar obligatorio en España. Vaya por delante que yo no hice la mili porque me pasé cinco años pidiendo prórrogas por estudios hasta que por "culpa" de la miopía resulté "excluido total del contingente militar" en noviembre del 83. Pero para llegar a este "final feliz" en mi carrera militar, hube de pasar por un momento culminante de incertidumbre que paso a relatar.

Una vez se me acabaron las prórrogas por estudios, y por medio de la Policía Municipal de Cartagena, fui citado para comparecer ante la Junta de Clasificación y Revisión al objeto de ser reconocido por los Vocales Médicos de la misma.

Según la citación, debía presentarme entre las 5 y las 9 de la tarde del día en cuestión en el Hospital de Marina de Cartagena. Como a la sazón y por mor de mis estudios residía en Murcia, preparé mi equipaje para la pernocta en el Hospital y allá que me fui. Allí coincidimos un grupo de mozos, ya un poco talluditos para aquello de la mili, a los que se nos habían acabado las excusas dilatorias para cumplir con la madre Patria.

En un pabellón enorme, con hileras de camas a los lados, pasamos inquietos la noche a la espera del temido reconocimiento que nos declarara aptos o inútiles. Ni que decir tiene que allí todos nos sentíamos unos inútiles redomados. A la mañana siguiente, en una fila silenciosa de calzones y camisetas blancas, nos enfrentamos al comandante médico y su ayudante.

Uno a uno nos midieron, nos pesaron, nos auscultaron, y acabamos ante la tabla optométrica para medir la agudeza visual del personal. El comandante se encontraba ligeramente adelantado y su ayudante quedaba a su espalda; cuando el mozo que me precedía comenzó a contestar a sus preguntas sobre el contenido de la tabla, el ayudante disimuladamente empezó a hacerle señas, hasta que el jefe médico, que no tenía un pelo de tonto, se dio cuenta de que el mozo tramposo miraba más por encima de su hombro que a la dichosa tabla. Girarse de improviso y trincar al ayudante en plena mueca, fue todo uno.

¡Menudo rebote se cogió!, el ayudante se diluyó literalmente, el reconocimiento quedó suspendido y nos devolvieron a todos al pabellón con nuestros calzones y camisetas de tirantes hasta la mañana siguiente. El colega tramposo se justificó como pudo, el ayudante era conocido suyo y habían urdido un plan infalible para fracasar en la medición de la agudeza visual. Infalible hasta que los pillaron.


Si la primera noche ya nos resultó tensa, la segunda para qué contar, ninguno dormimos, tampoco hablamos. Por la mañana vuelta empezar, sin ayudante, mano a mano con el jefe, sesión interminable de letras y números, pupilas dilatadas, fondos de ojo escudriñados y sensación de gusanos despreciables hasta que nos soltaron. Después de una semana de incertidumbre llegó la ansiada “exclusión total”. Hasta mucho después no supe que el colega tramposo se chupó una mili de las largas. Mentiría si dijera que no me alegré un poquito.

La mayoría de mis conocidos no hizo la mili, aquello de las prórrogas por estudios que se continuaban con las exclusiones por tener hijos y demás triquiñuelas, aligeró de universitarios los cuarteles. Sin embargo, algunos sí la hicieron y de buen grado, como el bueno de Antonio, al que un día cualquiera del 85 acompañamos su padre y yo al Cuartel de Instrucción de Marinería de Cartagena. Con su petate, un bocadillo y su sonrisa de oreja a oreja, atravesó aquellas enormes puertas para cumplir con la Patria en la Armada, la mili más larga de todas, en su destino soñado: la mar y el PVZ 34 Alcanada, el patrullero de altura donde templó el carácter y se convirtió en el marino que nunca dejará de ser.

No siento haberme perdido la mili, pero sí es cierto que cuando Antonio rememora la suya a bordo, un cosquilleo de envidia me recorre el cuerpo.

martes, 8 de marzo de 2011

Día Internacional de la Mujer

Flores para las flores
Hoy, martes 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer. El tema de este 2011 es: “La igualdad de acceso a la educación, la capacitación y la ciencia y la tecnología: el camino hacia el trabajo decente de la mujer”. Además, este año coincide que se celebra el centenario de este reconocimiento.

Cien años ya deberían haber bastado para que la igualdad de condiciones entre hombres y mujeres hiciera innecesaria la celebración de este día. Desgraciadamente esto no es así, y no está mal reivindicar el papel de la mujer en la familia y la sociedad que tanto le deben y muchas veces, tan poco les reconocen.

Para las mujeres, madres, hijas, hermanas, tías, sobrinas, nueras, abuelas, suegras, blancas, negras, amarillas, jóvenes, maduritas, trabajadoras a doble turno o a turno sencillo, políticas, deportistas, artistas, guapas, más guapas, ricas, pobres, creyentes, no creyentes, amigas, enemigas, libres y oprimidas, mi pequeño homenaje. ¡Va por vosotras!

lunes, 7 de marzo de 2011

Gato multicolor

Gato doméstico. Felis silvestris catus.
De toda la familia de gatos subidos a un contenedor de basura, el único curioso que no salió zumbando al ser enfocado por la cámara, fue este bonito gato multicolor, que se acercó cauteloso, dando dos pasos adelante y uno hacia atrás, hasta colocarse a una prudencial distancia que nos permitió observarnos mutuamente.

Ladeando la cabeza, parecía preguntarse por mis intenciones y al contrario que a sus hermanos, le pudo más la curiosidad que la precaución, acercándose tanto como para atrapar mi reflejo en sus ojos.

Gato común europeo multicolor.
Su código salvaje le impidió traspasar la frontera de los veinte centímetros que separaban su hocico de mi mano, y hasta ahí llego nuestra incipiente amistad. Si hubiera pasado la línea, me habría puesto en el compromiso de adoptarlo. Al menos satisficimos la mutua curiosidad antes de continuar nuestro camino.

Ha tenido premio, los demás agazapados y escondidos, seguirán con sus vidas de gato, en cambio, el gato curioso y multicolor consiguió su propia estrella de la fama en mi particular galería de animales y aunque su vida gatuna y la mía no vuelvan a cruzarse, yo ya tengo atrapada su imagen.

domingo, 6 de marzo de 2011

Los Alonso Alfonso van de boda

Uno más en la familia Alonso Alfonso
Ricardo y Silvia son luchadores natos, solo así, contra corriente, contra escépticos, contra dificultades, de la mano de Dios y con su esfuerzo, han regalado al mundo 14 fantásticos hijos.

Su forma de ver la vida no encaja en el esquema actual, su escala de valores a muchos les puede sonar a otros tiempos, su compromiso ha resultado inquebrantable. Los resultados son inmejorables y perdurarán en el tiempo.

A los 14 primeros ya se habían sumado 2 y ahora llega el tercero, y seguirán llegando, porque de su casa no se va nadie definitivamente, al contrario, se van incorporando nuevos miembros. Hoy ha llegado el último, le han hecho hueco, en el centro, como no podía ser menos.

Un par de veces se les ha quebrado la voz, una de sus palomas alza el vuelo, enérgica, presurosa, buscando su vida propia. No hay caso, no irá lejos, el hogar familiar la seguirá esperando y ella, entre vuelo y vuelo, siempre encontrará momento de volver a su cobijo.

Miriam y Quique