martes, 7 de junio de 2011

Todos contra el Cáncer

La Guardia Civil participando en la cuestación del Día de la Banderita

Cuando una patera llega a la costa cargada de desgraciados, los primeros que se ponen manos a la obra para socorrerlos, son los guardias civiles; cuando unos chorizos silvestres se dedican al vandalismo por los campos de Dios, saqueando cosechas y robando a todo el que pillan, ahí está también la Guardia Civil; si hay que vigilar instituciones oficiales, juzgados o lo que haga falta, ahí está la Guardia Civil; si alguien se pierde en el mar o en la montaña, en los bosques o en los campos, quien le busca, es la Guardia Civil; si son catástrofes naturales, incendios o seísmos, son de los primeros en llegar; que hay que hacerle frente al terrorismo, al narcotráfico y a la delincuencia organizada, ahí están en primera línea; también están para vigilar las carreteras, ayudando al Estado a recaudar sus diezmos y a los ciudadanos a sentirse seguros por esos mundos.

Son, aunque algunos lo pongan en tela de juicio, una especie de ángeles custodios vestidos de verde, siempre dispuestos a ayudar al prójimo y a veces incluso a costa de su vida, por unos salarios justitos, viviendo en comuna y sujetos a la disciplina militar. Está claro que el Guardia Civil es vocacional, por eso y por tantas cosas, son de largo los más queridos entre los “Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado”, como pomposamente se les denomina en su conjunto.

¡Ah!, lo olvidaba, también se prestan gustosamente a participar en cualquier actividad benéfica para la que se les requiera, como el pasado 2 de junio, durante el Día de la Cuestación de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), que con pasodobles y marchas diversas amenizaron la mañana en un rincón de la Plaza de Alonso Martínez, en Madrid.

¡Viva la Guardia Civil!

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