viernes, 7 de octubre de 2011

Mariposa de Día y Polilla de Noche

Macaón Chupaleche (Iphiclides podalirius L.)
Esta Chupaleche formaba parte de un enjambre espectacular que se arremolinaba en torno a un grupo de cardos negros, una cálida mañana de agosto a la orilla de una pista rural. Al contrario que en otras ocasiones, este nutrido grupo de mariposas no se espantaba al acercarme a ellas, lo que me permitió fotografiarlas a gusto mientras me rodeaban con sus rápidos vuelos saltando de flor en flor.

Esfinge de las Lechetreznas (Hyles euphorbiae L.)
Un mañana temprano, muy temprano de ese mismo mes de agosto, despuntando el sol, la Esfinge se aprestaba a pasar el día amodorrada en un rincón cuando cayó en nuestro poder. Un vez se fue espabilando, desplegó sus alas, estiró las antenas, vibró toda ella y se fue volando a donde no la molestaran. Esta polilla nocturna con forma de avión de combate debe su nombre a que se alimenta de lechetreznas, de la familia de las euforbias.

Estas malas hierbas, aparecen en cultivos de secano, márgenes de caminos y zonas removidas; toda la planta es muy tóxica por su látex fuertemente vesicante e irritante, esto es, tiene muy mala leche. En ocasiones, osados curanderos han aplicado su látex sobre verrugas y eczemas rebeldes, aunque su uso no es recomendable. Por vía interna es muy tóxica, así que la mejor recomendación con esta planta es la de ni se toca, ni se chupa, ni se come, salvo las Esfinges, a quienes les sienta divinamente.

Lechetreznas
La venta al público de la planta entera está prohibida o restringida por razón de su toxicidad, lo cual, no deja de ser un brindis al sol, porque, ¿quién va querer comprar una hierba tan puñetera y que además está en el campo al alcance de cualquiera?

martes, 4 de octubre de 2011

Una tarde en el Golf

Lago Hoyo 17. Islantilla Club de Golf

¡PLOFF!, ¡PLOFF!, y otra vez ¡PLOFF! Podría ser la conversación de los tomates del chiste que iban caminando por la carretera, pero no, era el sonido de las pelotas de golf que una tras otra se ahogaban en lago del Hoyo 17 en un vano intento por alcanzar el green.

Algunas llegaban desde bastante lejos y hasta cierto punto podría justificarse el error de cálculo, pero otras, las que hacían los mejores ¡PLOFF!, eran impulsadas apenas a unos pocos metros de la orilla, para acabar en el agua unos metros más allá. Incluso después de dropar la bola al borde del lago, esta acababa junto a sus compañeras, seguida de un encogimiento de hombros, un gesto de rabia o un sonoro taco (esto último generalmente en español)

Uno bueno fue aquel impecablemente equipado, con su buggy, su caddy, su gorrita y su sueter a rombos, que tras rebuscar en los bolsillos de su bolsa de palos, ¡sacó unos prismáticos para observar el hoyo!, que con el lago de por medio y todo, no estaría a más de 50 metros, después comprobó la dirección del aire y su intensidad, se puso detrás de la bola y apuntó con su palo al hoyo, tomó posiciones, dio un par de golpes al aire (levantando una buenas “chuletas” de césped) y tras un magnífico swing, ¡PLOFF! a 15 metros de distancia. Sin inmutarse, dropó en la orilla y alcanzó el green.

Tarde de Golf

Además de los ¡PLOFF! También resultaba interesante la observación de la actitud de los distintos jugadores: los más extranjeros, educados y silenciosos por lo general; los más de aquí, parlanchines y ruidosos, por lo general también. Algunos se hacían trampas a sí mismos cambiando la bola de sitio para mejora la posición, otros recogían las "chuletas" de hierba (los más) para colocarlas en su sitio con un par de pisotones amistosos, y los menos pateándolas con rabia.

Tras varias tardes de observación, algunas conclusiones: o el golf es muy complicado, o muchos practicantes son unos maletas; por muy mal que uno crea que lo hace, siempre habrá quién lo haga peor; y la mejor, da lo mismo lo mejor o peor equipado que vayas, lo importante es darle a la pelotita las menos veces posibles antes de meterla en el agujero.

¡A JUGAR!

sábado, 1 de octubre de 2011

Tarde de Toros

Cayetano Rivera Ordoñez

Cayetano Rivera Ordoñez

Morante de la Puebla

Morante de la Puebla

Alejandro Talavante

Feria de Murcia. 12 de Septiembre de 2011. Mi primera corrida de toros como espectador en la plaza gracias a mi buen amigo José Luis. No es lo mismo que verlo por la tele, y no se parece nada a aquellas primeras corridas que ví en blanco y negro, y en las que la sangre era tinta china que le chorreaba a los toros pata abajo, y que Matías Prats senior narraba con su campanuda voz y sus gafas ahumadas, y que ya entonces era fiesta nacional, como el futbol o el Día de la Hispanidad. A lo mejor vuelvo...., o a lo mejor no.

viernes, 30 de septiembre de 2011

El que la sigue la consigue

ELMUNDO.es Miami

 jueves 29/09/2011
¿Cómo conseguir una mansión por 16 dólares en Texas?
• Un hombre se adueña de una casa de lujo gracias a una vieja ley de Texas.
• Los propietarios la abandonaron cuando la embargó el banco, que quebró.
• Kenneth Robinson no tendrá el título de propiedad hasta pasados tres años.

Vivienda con dos plantas, jardín y piscina.

Kenneth Robinson es uno de los hombres más envidiados de Texas después de haber comprado una mansión valorada en 330.000 dólares por la ridícula cifra de 16 dólares.

La gran pregunta de cómo lo hizo tiene una simple respuesta: este hombre de mediana edad se aprovechó de una vieja ley estatal que permite reclamar la propiedad de una vivienda abandonada si sus dueños no se oponen.

Kenneth Robinson delante de su casa
Según informan este jueves medios locales, los propietarios originales de la casa la abandonaron cuando fue embargada por el banco, entidad que poco después quebró por las deudas. Por lo que parece que nadie puede reclamar la propiedad de esta lujosa casa de dos plantas, con jardín y piscina.

Tras meses de investigación, Robinson descubrió que la vivienda llevaba más de un año abandonada y decidió hacer uso de dicha ley, pagando una cuota de 16 dólares a una corte local de Texas, quien le otorgó el derecho a ocupar la mansión.

Los vecinos no recibieron de buena gana al nuevo inquilino y llamaron a la Policía para que lo desalojaran, aunque los agentes no pudieron hacer nada ya que el hombre entró con sus propias llaves y un documento judicial.

Sin embargo y según la misma ley, el texano, divorciado dos veces, con seis hijos y dos nietos, no tendrá el título de propiedad de la vivienda hasta que no haya vivido en ella de manera continua durante al menos tres años.

Los hay que esperan la suerte y pasan toda su vida asomados a la puerta sin verla llegar. Los hay que salen a buscarla y esos, esos son los que la encuentran. ¡Pues hala, a buscar, que las oportunidades están ahí al alcance de quién se lo proponga! 

jueves, 29 de septiembre de 2011

Aviso Importante


Recuadro pequeñito en la página 11 de La Verdad.

11 días después de la última de feria, de rejones, la mejor, según dicen, alguien busca a otro alguien que se encontraba en la plaza ese día.

Y a partir de aquí, los interrogantes: ¿Uno que dijo, me voy a los toros, y no ha vuelto? ¿Compañero ocasional del tendido de sol que no dio correctamente su teléfono a propósito o despropósito? ¿Le estarán buscando para que pague la entrada o la limonada? ¿Querrán saber si estaba buena? ¿O será para preguntarle la marca de la camisa, que se antoja bonita? ¿Será un mensaje en clave de esos que los espías se intercambian a través de los periódicos, disfrazados de inocentes avisos? ¿Será una nueva forma de enmascarar elegantemente los anuncios de contactos que pueblan las últimas páginas de los diarios? ¿O quizá será una contraseña para reclutar mercenarios en una guerra remota? ¿Será una broma? ¿Qué será?

Quizá pueda ser el inicio de una novela de intriga misteriosa como las que suele escribir mi buen amigo y librepensante Jero Tristante, "El extraño caso del chico de la limonada". En todo caso, si alguien lo conoce, no deje de decirle que le andan buscando.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Buitres Leonados

 
 Colonia de Buitre leonado ( Gyps fulvus ) de la buitrera de Sierra de Mojantes. Caravaca de la Cruz. Murcia

Buitres leonados remontando el vuelo 1
Buitres leonados remontando el vuelo 2

¡Ríete tú de los meteoritos o de los ingenios espaciales descontrolados cayendo a tierra!

El 11-S del 11, aniversario del atentado contra la civilización occidental por antonomasia, en un rincón perdido del noroeste murciano, los buitres caían como misiles. Sobre las 3 de la tarde de aquel domingo, uno tras otro fueron apareciendo veloces, con las alas plegadas y en picado, decenas de buitres al lado de mi casa, y digo al lado sin exagerar.

A menos de 100 metros, en la cima de un pequeño cerro, se congregaban con gran algarabía y aleteos, sin duda atraídos por alguna res muerta abandonada por los pastores. En unos pocos minutos, más de sesenta individuos se congregaron en el improvisado muladar en animada conversación y tirándose algún que otro picotazo de aviso, por aquello de las jerarquías a la hora de comer.

Fue un espectáculo fantástico por lo inesperado, una congregación de buitres impresionante para la zona, y aunque no son los animales más agraciados del mundo, su majestuoso vuelo consigue tenerte embobado siguiendo sus evoluciones, mientras ascienden subidos a las térmicas sin apenas esfuerzo, perdiéndose de vista en la lejanía, o llegando de improviso como centellas llovidas del cielo guiados por la carroña.

domingo, 25 de septiembre de 2011

La Banda en el Cardo y la Lavanda 2

Abejorro y escarabajo mariquita compartiendo un cardo borriquero
Escarabajo de alas azules
Avispón
Esfinge Colibrí (Macroglossum stellatarum L.)


jueves, 22 de septiembre de 2011

La Cita


Pues sí, la cita, pero no la cita de una frase célebre, ni la cita de negocios, ni la cita de amoríos, ni la cita al toro para que entre al capote, ni la más trivial y agradable de las citas, la del amigo para echar el rato. No, la otra cita, la del médico, esa que nadie pide con entusiasmo, salvo que algo duela mucho y aún así, uno la pide resignado.

Pues en esas estaba yo esta mañana, que toca revisión del aparato visual y me he de poner en manos de mi doctora favorita de la S.S., para lo que previamente hay que solicitar la dichosa cita para acabar en su poder.

Ya iba mentalizado para el ejercicio de paciencia que toca cada vez que entras en territorio medicalizado, así que saltándome la cola del ascensor (que era minina), he hecho un poco de "cardio" que diría un "sport trainer" y he subido a paso ligero los cuatro pisos que llevan a las consultas de oftalmología del Morales Meseguer.


Mientras recuperaba el resuello, he tomado posiciones en la cola frente a las ventanillas donde ofrecen información diversa y fundamentalmente cumplimentan las citas para el servicio. 11,50 h. de la mañana, 4 o 5 personas delante y en pocos minutos me convierto en sándwich de bonito con otra media docena detrás.

Hasta ese momento, mi alforja de paciencia se encuentra intacta y observo curioso a mí alrededor: los ascensores aligeran su carga a intervalos regulares, la sala está "petada" de clientes, el altavoz recita su letanía de nombres poco a poco y los afortunados desaparecen por el pasillo rumbo a las consultas.

- Pues a mi madre la operaron en mayo del año pasado y quiere que la vean para revisar la operación.

- Que no tengo el papel del médico, que lo tendrá mi hermano, pero mi madre quiere que la vean.

- Que el médico le dijo que viniera al año de la operación para revisión y no le daría ningún papel.

Hasta aquí, normal, explicaciones y contra explicaciones a ambos lados de la ventanilla, pero cuando la conversación se repite machaconamente hasta cinco veces, palabra por palabra, incluidos los tiempos muertos para mirar la pantalla del ordenador, el resto de la cola que va creciendo hasta la escalera, se agita nerviosa hasta que, por fin, la citadora se digna otorgar la dichosa cita y la señora de blanco agarra su papel y desaparece escaleras abajo. 10 minutos largos de negociación.

Un par de turnos facilones después, dos morenazas de color avellana con un morenito pequeño y cara de bueno, se posicionan ante la ventanilla. Con su papel en la mano, parece que la cosa sea fácil. ¡Pues no! Resumiendo mucho:

- ¿Para quién es la cita?

- Para esta, señala la interprete a su colega que parlotea en su idioma avellana.

- Pues necesito que se identifique.

- La parlanchina saca una tarjeta sanitaria.

- No está registrada, menea la cabeza la dispensadora de citas.

- ¿Este es el nombre de ella?

- No, de su marido.

- ¿Y este?

- El apellido.

Por fin aparece en el sistema. Suspiro de alivio en la cola, el morenito ya ha atropellado a unos cuantos pacientes con su silleta mientras espera aburrido. Otros 10 largos minutos se han ido.

Una señora mayor se salta la raya amarilla y haciéndose la tonta, intenta colarse como en la carnicería. No tiene éxito, ¡está la cola como para que alguien se cuele!

Otra más intenta que le den cita por la mañana temprano, por no se qué del trabajo. ¡Bendita mujer que cotiza para que 12 millones, entre parados y jubilados, subsistan en este país de cuchufleta! Y me toca, 35 minutos después de instalarme en una cola de 6, me toca. La paciencia hace tiempo se me escurrió por las costuras de la alforja cuando me pongo frente por frente con la ventanilla por medio, con la apática dispensadora y no me puedo contener.

- Mucho trabajo para una persona sola (comento señalando con la cabeza la silla contigua, con una bata colgando y vacía desde que llegué).

- No estoy sola, mi compañera ha salido a desayunar.

- Pues se lo está tomando con tranquilidad, son las 12,35 y está "missing" total.

- ¡A ver si es que no va a tener derecho a desayunar!

- El mismo que nosotros a que nos atiendan en un plazo razonable.

Y poco más, consigo mi cita y regreso por donde he venido. ¿Me podría haber callado? Posiblemente, pero me cuesta no ejercer uno de los pocos derecho que nos quedan a los españoles.

El derecho al pataleo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

El Descabello

Suerte del descabello. Morante y su cuadrilla

¡Coge una escopeta y remátalo!, bramaba un "afisionado" desde el tendido, mientras el respetable coreaba la cuenta de descabellos infructuosos, ¡11!, ¡12!, ¡13!..., y el maestro se encogía de hombros con los brazos abiertos y el estoque de descabellar balanceándose en su mano. Nuevo intento clavando el pincho y hurgando en el hueco ante la bronca del respetable; por fin, un par de pinchazos después, el toro tiró las patas por alto, (por pura desesperación)

La faena de capote, picadores, banderillas y trasteo con la muleta, no había pasado de los 5 minutos cuando al artista Morante de la Puebla se le atravesó el toro y decidió echar mano del estoque, y después, de su repertorio de descabellos en los que se empleó a fondo durante 10 largos minutos en los que escuchó todo tipo de lindezas.

Motivo de repulsa para los antitaurinos, los verdes, los ecologistas y para cualquiera con un poco de sensibilidad, el espectáculo de un señor de lamparillas escarbándole en el cogote a un toro con un pincho hasta el esperpento, mientras el animal se bamboleaba ante la desesperación de su matador y el cabreo del personal.

Vale que el descabello es una suerte más de la lidia, vale que cueste atinar para rematar al animal, pero digo yo que antes de ofrecer un espectáculo de matarife o de la niña del exorcista, clava que te clava, el reglamento del festejo podría contemplar la posibilidad de retirar al animal para darle una muerte rápida en los corrales y sacarle tarjeta roja con multa incluida al incapaz, por mucho que se encoja de hombros, que para eso cobra y le debe un respeto a los “afisionados” y público en general.