jueves, 22 de septiembre de 2011

La Cita


Pues sí, la cita, pero no la cita de una frase célebre, ni la cita de negocios, ni la cita de amoríos, ni la cita al toro para que entre al capote, ni la más trivial y agradable de las citas, la del amigo para echar el rato. No, la otra cita, la del médico, esa que nadie pide con entusiasmo, salvo que algo duela mucho y aún así, uno la pide resignado.

Pues en esas estaba yo esta mañana, que toca revisión del aparato visual y me he de poner en manos de mi doctora favorita de la S.S., para lo que previamente hay que solicitar la dichosa cita para acabar en su poder.

Ya iba mentalizado para el ejercicio de paciencia que toca cada vez que entras en territorio medicalizado, así que saltándome la cola del ascensor (que era minina), he hecho un poco de "cardio" que diría un "sport trainer" y he subido a paso ligero los cuatro pisos que llevan a las consultas de oftalmología del Morales Meseguer.


Mientras recuperaba el resuello, he tomado posiciones en la cola frente a las ventanillas donde ofrecen información diversa y fundamentalmente cumplimentan las citas para el servicio. 11,50 h. de la mañana, 4 o 5 personas delante y en pocos minutos me convierto en sándwich de bonito con otra media docena detrás.

Hasta ese momento, mi alforja de paciencia se encuentra intacta y observo curioso a mí alrededor: los ascensores aligeran su carga a intervalos regulares, la sala está "petada" de clientes, el altavoz recita su letanía de nombres poco a poco y los afortunados desaparecen por el pasillo rumbo a las consultas.

- Pues a mi madre la operaron en mayo del año pasado y quiere que la vean para revisar la operación.

- Que no tengo el papel del médico, que lo tendrá mi hermano, pero mi madre quiere que la vean.

- Que el médico le dijo que viniera al año de la operación para revisión y no le daría ningún papel.

Hasta aquí, normal, explicaciones y contra explicaciones a ambos lados de la ventanilla, pero cuando la conversación se repite machaconamente hasta cinco veces, palabra por palabra, incluidos los tiempos muertos para mirar la pantalla del ordenador, el resto de la cola que va creciendo hasta la escalera, se agita nerviosa hasta que, por fin, la citadora se digna otorgar la dichosa cita y la señora de blanco agarra su papel y desaparece escaleras abajo. 10 minutos largos de negociación.

Un par de turnos facilones después, dos morenazas de color avellana con un morenito pequeño y cara de bueno, se posicionan ante la ventanilla. Con su papel en la mano, parece que la cosa sea fácil. ¡Pues no! Resumiendo mucho:

- ¿Para quién es la cita?

- Para esta, señala la interprete a su colega que parlotea en su idioma avellana.

- Pues necesito que se identifique.

- La parlanchina saca una tarjeta sanitaria.

- No está registrada, menea la cabeza la dispensadora de citas.

- ¿Este es el nombre de ella?

- No, de su marido.

- ¿Y este?

- El apellido.

Por fin aparece en el sistema. Suspiro de alivio en la cola, el morenito ya ha atropellado a unos cuantos pacientes con su silleta mientras espera aburrido. Otros 10 largos minutos se han ido.

Una señora mayor se salta la raya amarilla y haciéndose la tonta, intenta colarse como en la carnicería. No tiene éxito, ¡está la cola como para que alguien se cuele!

Otra más intenta que le den cita por la mañana temprano, por no se qué del trabajo. ¡Bendita mujer que cotiza para que 12 millones, entre parados y jubilados, subsistan en este país de cuchufleta! Y me toca, 35 minutos después de instalarme en una cola de 6, me toca. La paciencia hace tiempo se me escurrió por las costuras de la alforja cuando me pongo frente por frente con la ventanilla por medio, con la apática dispensadora y no me puedo contener.

- Mucho trabajo para una persona sola (comento señalando con la cabeza la silla contigua, con una bata colgando y vacía desde que llegué).

- No estoy sola, mi compañera ha salido a desayunar.

- Pues se lo está tomando con tranquilidad, son las 12,35 y está "missing" total.

- ¡A ver si es que no va a tener derecho a desayunar!

- El mismo que nosotros a que nos atiendan en un plazo razonable.

Y poco más, consigo mi cita y regreso por donde he venido. ¿Me podría haber callado? Posiblemente, pero me cuesta no ejercer uno de los pocos derecho que nos quedan a los españoles.

El derecho al pataleo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

El Descabello

Suerte del descabello. Morante y su cuadrilla

¡Coge una escopeta y remátalo!, bramaba un "afisionado" desde el tendido, mientras el respetable coreaba la cuenta de descabellos infructuosos, ¡11!, ¡12!, ¡13!..., y el maestro se encogía de hombros con los brazos abiertos y el estoque de descabellar balanceándose en su mano. Nuevo intento clavando el pincho y hurgando en el hueco ante la bronca del respetable; por fin, un par de pinchazos después, el toro tiró las patas por alto, (por pura desesperación)

La faena de capote, picadores, banderillas y trasteo con la muleta, no había pasado de los 5 minutos cuando al artista Morante de la Puebla se le atravesó el toro y decidió echar mano del estoque, y después, de su repertorio de descabellos en los que se empleó a fondo durante 10 largos minutos en los que escuchó todo tipo de lindezas.

Motivo de repulsa para los antitaurinos, los verdes, los ecologistas y para cualquiera con un poco de sensibilidad, el espectáculo de un señor de lamparillas escarbándole en el cogote a un toro con un pincho hasta el esperpento, mientras el animal se bamboleaba ante la desesperación de su matador y el cabreo del personal.

Vale que el descabello es una suerte más de la lidia, vale que cueste atinar para rematar al animal, pero digo yo que antes de ofrecer un espectáculo de matarife o de la niña del exorcista, clava que te clava, el reglamento del festejo podría contemplar la posibilidad de retirar al animal para darle una muerte rápida en los corrales y sacarle tarjeta roja con multa incluida al incapaz, por mucho que se encoja de hombros, que para eso cobra y le debe un respeto a los “afisionados” y público en general.

martes, 13 de septiembre de 2011

"Polimovil"

Que digo yo, que los "polis", esto es, los miembros (y miembras) de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, como aquí gustamos en denominar al colectivo que se dedica a mantener la ley y el orden dentro y fuera del territorio patrio, y en concreto, los del C.N.P., no están por encima del bien y del mal, salvo, claro está, cuando van en misión oficial con las sirenas ululando, las luces azules girando sicodélicamente y conduciendo a toda pastilla entre el tráfico, para ganar unos pocos segundos a fin de evitar la comisión de un delito o cazar algún delincuente con las manos en la masa.

Digo esto, porque hace unos días, circulando por Ronda de Levante en dirección al túnel de Las Atalayas (en Murcia, para los foráneos), adelanté a un coche del C.N.P. (de esos que pone POLICIA en el costado y un número gordo en el techo), tripulado por dos jóvenes uniformados con el pelo de punta (por la gomina, creo) y en el que el conductor, con una mano en el volante y la otra en los … medios, manipulaba un teléfono móvil sin prestar la menor atención al frente.

Yo lo vi, él me vio y supo que lo había visto con las manos en la masa, ¿se cortó?, ni un pelo; a la altura del túnel ya iba en amigable conversación con el teléfono disimulado entre la mano y la oreja de la ventanilla, como tantos y tantos usuarios. La diferencia está en que se supone que éste es el defensor de la ley y ejemplo para los tantos y tantos de su cumplimiento, y da mal rollo que con toda la desfachatez del mundo, por el hecho de ir de uniforme en un monovolumen policial y con los cristales semiahumados, alguien se crea por encima del bien y del mal.

Pues que sepa, que vi el número gordo del techo, la matrícula del vehiculo policial y que eran las 14,10 horas, y que no los pongo aquí porque solo pretendo contar un “algo” y que cada cual saque su moraleja; aunque el “poli” se merecía que le retiraran tres puntazos del carnet de conducir, como a todo hijo de vecino pillado en las mismas.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Los Deberes de Pascuala


¡Sólo tengo que terminar los deberes de Pascuala!... ¡Sólo tengo que terminar los deberes de Pascuaaaaala… papá! Va proclamando un jovencito que no levanta más de dos palmos del suelo y elevando el tono según salen las palabras por su boca, igual que hace la señal de llamada de mi teléfono cuando tardo más de la cuenta en hacerle caso.

Y es que el jovencito camina cansino bajo un sol de justicia, arrastrando su cuerpo por las cristaleras de una fachada, siguiendo a veinte metros la estela de su padre que abre camino calle adelante y que probablemente, en algún momento anterior le había preguntado a su vástago por su primer día de clase, de vuelta de las vacaciones.

Por la cara del padre, seguro que la pregunta había sido más retórica que otra cosa, pero el chaval, después de una mañana de libertad perdida entre las paredes de su aula, hacía recuento de actividades y la “seño” Pascuala, por lo visto, ya se había metido en faena de buena mañana y puesto a currar a sus muchachos con todo el celo de su profesión.

Bastante mérito tiene el chiquillo de haberse metido al cuerpo un madrugón de sopetón para ir a su primer día de clase, y más mérito aún el del padre/madre que lo ha puesto en disposición de revista para pasaportarlo al cole, junto con el mucho mérito de la “seño” Pascuala de acoger a su asilvestrado rebaño el primer día y no haber fenecido en el intento; por eso pienso, que con tanto esfuerzo de todos, quizá la “seño” Pascuala podría haberse dejado los deberes para el lunes, permitiendo a sus chiquillos disfrutar sus dos últimos días de asueto.

Porque como toma de contacto, aterrizaje o llámesele como se quiera, empezar el cole un caluroso viernes murciano, basta y sobra sin necesidad de los deberes de Pascuaaaala. ¿O no?

Ilustración: Internet

miércoles, 17 de agosto de 2011

A-92, 14'00 H, 38ºC, 16 AGOSTO...

Motivo más que suficiente para cortar el tráfico en la A-92 a su paso por Granada

... El escueto y jeroglífico título solo es para hacerse una idea de las condiciones en que cientos de conductores nos vimos atrapados en una ratonera traicionera en la cercanías de Granada y a la altura de Peñuelas, entre Trasmulas y Lachar, en los kilómetros 217 a 221 de la inefable A-92 (la del Centenario), dirección Sevilla-Granada.

No más engancharme al atasco maldije mi indecisión de no parar en el Área de Servicio Abades, en Loja, para estirar las piernas y cambiar el agua al canario, pero ya era tarde y el lamento si es demasiado prolongado sólo produce frustración; así pues, tocaba analizar la situación, estirar el cuello para intuir el final de la caravana y elegir cuidadosamente qué carril tomar de los dos posibles, con la cuasi certeza de que aquel que eligiese siempre sería más lento que el desechado (cosas de la Ley de Murphy)

Ya elegido el carril, se otea a los conductores circundantes intentando comprobar su grado de sensatez y de paciencia; una vez comprobada la ausencia de peligrosos kamikazes en los alrededores, las siguientes tareas consisten en averiguar la temperatura exterior: alta, como no podía ser menos, y controlar el coche que nos sirve de referencia en el carril contiguo para averiguar cual avanza más rápido, (el otro, por supuesto)

Tras las comprobaciones rutinarias, una rápida miradita al mapa de carreteras en busca de una escapatoria salvadora -inexistente salvo si se desea visitar Trasmulas o Peñuelas, (ahora que estoy en la época de olvidar nombres, lo que me produce cierta desazón, acabo de recordar que tenía un compañero en Los Maristas, a quién no consigo poner cara, que se llamaba Peñuelas, de apellido, claro; ¡bien por mi memoria!), y como Trasmulas, no he conocido a nadie así llamado; así que, por lo uno o por lo otro y por si acaso, me mantengo paciente en mi puesto caravanero.

Pasados tres lentos y agónicos kilómetros aparecen señales indicadoras de obras en la calzada y los consiguientes conos estrechando la cosa hasta dejarla en procesión de a uno, descartando la posibilidad de un accidente como culpable de la retención. Durante tan largo y caluroso rato, mientras ves algún chalado saltarse la cola a toda cebolla por el arcén y a algún que otro desgraciado cuyo coche incapaz de aguantar la situación, ha roto aguas en plena carretera sin una mala partera que le asista, te pones a elucubrar con el motivo de las obras.

Obras, ¿qué obras? ¿no había dicho el ministro del ramo que en el puente de agosto se paralizaban las obras en las carreteras para facilitar la circulación? ¿es que el 16 de agosto no cuenta como vuelta del puente, de quincena o de semana de vacaciones? Será que la obra es de envergadura y no admite "paralís". ¿Se habrá vuelto a hundir la A-92? ¿se la habrá tragado la tierra como en ocasiones anteriores por la misma zona? Bueno, algo así, claro que justificaría las obras, el atasco, la calorina y la paciencia infinita de tantos conductores.

Cuando por fin la cosa aligera -dos kilómetros más-, y se vislumbra al fondo la zona en obras, uno como que empieza a sulfurarse, y se acuerda con cariño del jefe del servicio de conservación del tramito en cuestión de la A-92 y de la mala hora en que se le ha ocurrido mandar a sus muchachos ¡A DESBROZAR LA MEDIANA!, porque unos cuantos matojos invaden a malas penas el arcén izquierdo de la calzada.

Al susodicho responsable solo le deseo que le pille un buen atasco, en pleno mes de agosto e iniciando sus vacaciones, con la vejiga llena, el aire acondicionado estropeado, los niños berreando en el asiento trasero, la aguja de la temperatura del agua señalando al norte, y que cuando llegue al punto causante de la retención, se encuentre a media docena de operarios dándole al bocata sentados a la sombra de la furgo y le saluden encantados al recononcerle. 

Y aún se puede dar con un canto en los dientes (con las ganas me he quedado), que no le he echado una maldición gitana como la que sigue:

Olajai Callí

Panipen gresité lerele lucue drupo, camble Ostebé sos te diqueles on as baes dor buchil y arjulipé sata as julistrabas, sos te merelees de bocata, sos ler galafres te jallipeen, sos panipenes currucós te mustiñen ler sacais; sos Cresorne te dichabe yesqui zarapia tamboruna per bute chiró, sos unga quesarelas romandiñao tucue rumi te sugerete ler nogués, sos manques sacaitos te diquelen ulandao de la filimicha, y sos menda quejesa or sos te buchare de ler pinrés y sos ler bengorros te liqueren on drupo y orchi balogando á or casinobé.

Maldición Gitana

Mal fin tenga tu cuerpo, permita Dios que te veas en las manos del verdugo y arrastrado como las culebras, que te mueras de hambre, que los perros te coman, que malos cuervos te saquen los ojos, que Jesucristo te mande una sarna perruna por mucho tiempo, que si eres casado tu mujer te ponga los cuernos, que mis ojitos te vean colgado de la horca y que sea yo el que te tire de los pies, y que los diablos te lleven en cuerpo y alma al infierno.

¡Hemos dicho!

viernes, 29 de julio de 2011

La Cueva Negra y la Cueva del Rey Moro

Cueva del Rey Moro en el Estrecho del río Quipar. La Encarnación, Caravaca de la Cruz. Murcia
El fuego nació en Cueva Negra rezaba el titular de la noticia en el diario La Verdad, y según parece, las cenizas encontradas en el yacimiento de Caravaca de la Cruz son las más antiguas de Europa. El balance de las últimas excavaciones en La Encarnación prueba la utilización de las llamas por los homínidos.

La Cueva Negra del Estrecho del Río Quipar abre a 780 metros encima del nivel del mar y 40 encima del río Quipar. Se trata de un abrigo natural bajo un acantilado al pie de la ladera septentrional de la sierra. La boca tiene una anchura de 12 metros y el abrigo se extiende por 12 metros adentro.

El 'Homo Heidelbergensis' hacía grandes fogatas para combatir el frío en Cueva Negra.

La hipótesis sostiene que los homínidos ('Homo Heidelbergensis') que poblaron Cueva Negra durante el Pleistoceno Antiguo, hace aproximadamente 800.000 y 900.000 años, utilizaron el fuego como herramienta para calentarse y protegerse del frío.

Ésa es una de las conclusiones a las que ha llegado Michael Walker, director de los trabajos realizados en el Estrecho del río Quípar durante la vigésimo segunda campaña de excavaciones paleoantropológicas y arqueológicas en el yacimiento de La Encarnación, en Caravaca de la Cruz, y que ayer presentó balance de los avances que se han llevado a cabo en la zona este mes de julio.

Río Quipar a su paso bajo la Cueva Negra
Sin embargo, esta hipótesis también abre otros muchos interrogantes, como por ejemplo si se trata de un fuego producido de forma intencionada o no. Para el profesor británico Michael Walker, es verosímil que el hombre pudiera causar el fuego, aunque también podría haber aprovechado una combustión externa y haberla trasladado hasta la cueva, al estilo de lo que el director francés Jean Jacques Annaud narró en su película 'En busca del fuego'. No está claro, pero de lo que no hay duda es que quienes poblaron Cueva Negra son, hasta el momento, los primeros homínidos, dentro del marco europeo, que hicieron un uso del fuego, uno de los avances más importantes para la evolución.

Las conclusiones extraídas del trabajo realizado en esta campaña de excavación se basan en el hallazgo de restos de ceniza y huesos calcinados en el interior de la cueva, concretamente en una capa muy profunda, a 5 metros de la superficie, una zona de difícil acceso, por lo que se descarta que los restos encontrados puedan provenir de algún incendio forestal.

En definitiva, un hallazgo que confirmaría la evidencia más antigua de la presencia de fuego en yacimientos paleolíticos fuera de África. «Las raíces de la humanidad de nuestro continente pueden estar en Cueva Negra», asegura Walker. Pero la importancia del yacimiento de La Encarnación radica no sólo en lo que ya se ha encontrado sino también entre lo que esconde el subsuelo, ya que tan solo se ha trabajado sobre un perímetro de 20 a 25 metros cuadrados, una porción mínima de las dimensiones totales del yacimiento.

¿Y porqué traigo aquí esta noticia? Por casualidades de la vida. Resulta que el pasado 3 de julio, domingo por más señas, nos calzamos las botas de monte y a bordo de nuestro veterano SJ-413 nos fuimos a La Encarnación para echarle un vistazo a la Cueva del Rey Moro que se anuncia en unos carteles junto a otros del L.I.C. (Lugar de interés comunitario) Río Quipar.

Río Quipar
El lugar está formado por una garganta que encajona el río Quípar en parte de su recorrido, por dos laderas, una agreste y llena de vegetación, con multitud de cavidades y la otra más suave y desnuda. En el inicio de una senda que partía del río había varios coches aparcados y entre ellos un todo terreno de la Universidad de Murcia. ¡Ya están aprovechando los medios públicos para irse de weekend! Mal pensado que es uno, lo cierto es que a una cierta altura en la ladera agreste se veía movimiento y unos palitroques cruzados a modo de vivac daban a entender que algo se cocía en las alturas, eso, junto con una bomba de agua semioculta junto a un motorcillo entre las cañas y una gruesa goma que se perdía ladera arriba, me dio que pensar en ocupaciones más serias que la de una barbacoa dominguera entre amiguetes.

Río Quipar
Sin conseguir averiguar el propósito de tanto despliegue, paseamos por aquel paraje más propio de otras latitudes, intentando localizar la cueva del Rey Lobo de Murcia, (Aliado de Castilla 1157-1172) -Mohammed ibn Ahmed ibn Saad ibn Mardanisch, llamado por las crónicas cristianas con el nombre de rey Lobo (Lope), en recuerdo de sus orígenes cristianos, pues era miembro de una aristocrática familia de muladíes (cristianos que se convirtieron al Islam en el siglo VIII)-, y porque su madre a la hora de llamarle para comer, abreviaba con el nombre o acababa de llamarlo a la hora de la cena.

Más cosas sobre el Rey Lobo o Rey Moro en estos enlaces: Rey Lobo de Murcia 
Cueva del Rey Moro
Tejón europeo o Tasugo (meles meles)
Además de la frondosa vegetación, el rumorcillo del agua entre las piedras y el calorcillo de una mañana de julio, también hubo lugar para un hallazgo inesperado: nada menos que un tejón difunto se cruzó en nuestro camino (bueno, nos cruzamos con él, porque estaba tieso el pobre), posiblemente habitaba en algún recoveco de la cueva Negra, en las inmediaciones del despliegue arqueopaleoantropológico y en su huida habría tropezado con uno de los vehículos de los exploradores, que lo mandaron en directo al otro barrio. ¡Peajes que se pagan por el adelanto de la ciencia! Pero, ¿qué es un humilde tejón, ante el descubrimiento de que hace 900.000 años, ya se dejaban nuestros antepasados las cenizas sin recoger después de guisar? En fin, una víctima inocente que me recordó, no sé por qué, al tejón cazafrutas de la primera película de las Crónicas de Narnia: “El León, la Bruja y el Armario”.

Información sobre los tejones, aquí: El tejón español

Cardo... borriquero
Con tantos alicientes, ¿quién no se anima a darse una vuelta por La Encarnación en Caravaca de la Cruz, en busca de la Cueva Negra y la Cueva del Rey Lobo, e impregnarse de historia antigua, de la buena, y toparse con un tejón o una familia de nutrias, mientras se disfruta de una paraje encantador?

Este enlace de Google Earth nos lleva volando: LIC Rio Quipar

domingo, 24 de julio de 2011

La niña de tus ojos

Asun

“Guárdame como a la niña de tus ojos; Escóndeme bajo la sombra de tus alas" Libro de las Salmos. Salmo 17,8.

"Mi niña" la llamas, desde que te conozco y la conozco; figura central de tus pensamientos y desvelos. La has llevado de tú mano, le has inculcado tus saberes, la has apoyado y sostenido en las adversidades, has disfrutado con sus éxitos, la has visto transitar de niña a mujer mientras te blanqueaba el cabello, mientras procesionabas tras ella atento a sus primeros pasos, oculto orgulloso bajo el capuz.

Habéis crecido los dos, tan distintos, tan iguales, bajo la atenta mirada de la madre que atemperando y administrando complicidades, esperaba con incertidumbre el momento en que la vida distanciase vuestros caminos, esperando estar preparada para ello y disfrutando intensamente como propia, la felicidad de su niña cuando al fin llega.

Radiante sale a la luz del cobijo de tus alas para volar con las suyas propias, dejando un pellizco de desazón que rápidamente deja paso a la satisfacción del deber cumplido.

jueves, 21 de julio de 2011

Caballitos del Diablo y Libélulas

Caballito del Diablo negro 1 (zigóptero)

Caballito del Diablo negro 2 (zigóptero)

Caballito del Diablo azul 1 (zigóptero) Enaliagama cyathigerum

Caballito del Diablo azul 2 (zigóptero) Enaliagama cyathigerum

Libélula marrón 1 (Anisóptero)

Libélula marrón 2 (Anisóptero)

Libélula azul 1 (Anisóptero)

Libélula azul 2 (Anisóptero)

Entre los bichos que vuelan y dentro de la pandilla de los artrópodos de seis patas, están los odonatos, que a su vez se clasifican en anisópteros y zigópteros. Esto a grosso modo, porque luego hay familias y subfamilias con nombres a cual más complicado, y que ahora no vienen al caso.

Los caballitos del diablo o señoritas se confunden a menudo con las libélulas. Sin embargo, ambos grupos son diferentes; los zigópteros mantienen las alas juntas, pegadas al cuerpo, cuando están en reposo, mientras que las libélulas (anisópteros) las mantienen separadas horizontalmente o ligeramente inclinadas hacia abajo y hacia adelante; ambos subórdenes tienen dos pares de alas, en las libélulas el segundo par de alas es más ancho que el primero y en los caballitos del diablo el ancho en los dos pares de alas es similar. Sus ojos también difieren, mientras que los de los caballitos del diablo están separados, los de las libélulas están prácticamente juntos. Los caballitos del diablo poseen cuerpos más delgados y son más frágiles en su vuelo. Ambos poseen ciclos vitales similares.

Anatomía

El cuerpo frágil y las alas largas y delgadas hacen de la libélula uno de los insectos más veloces. A diferencia de la mayoría de los insectos, éstas pueden batir sus alas anteriores y posteriores de forma simultánea o alternada en diferentes fases del vuelo, lo que resulta, respectivamente, en una mayor potencia con mayor coste energético, al despegar, y en una potencia y coste menor, durante el vuelo

Poseen una vista excelente, gracias a la peculiar estructura de sus ojos: alrededor de 30.000 facetas dispuestas de tal forma que le permiten aproximadamente 360º de campo visual. Estos ojos multifacetados, por lo general, se juntan en la parte posterior de la cabeza y le permiten ver a su presa desde una distancia de hasta 12m. La libélula no puede caminar por la posición frontal de las patas, pero la forma de "canasto" de éstas le permite atrapar a su presa.

Camuflaje de movimiento

Se ha descubierto recientemente que las libélulas emplean la ilusión óptica para acechar a otros insectos que invaden su territorio. Se pueden mover de tal forma que se proyectan a sí mismos como un objeto estático mientras atacan con rapidez a sus víctimas. Estos descubrimientos ilustran por primera vez cómo utilizan técnicas complejas de camuflaje durante el ataque aéreo.

Estos ejemplares proceden de los ríos Quipar y Argos en el Noroeste murciano, y al menos ya sabemos distinguir entre libélulas y caballitos del diablo con solo mirarles las alas.

Para saber más sobre estos simpáticos animalitos, pinchar en los enlaces siguientes:

Caballitos del Diablo  /  Libélulas

sábado, 9 de julio de 2011

Vuelta de tuerka a la Geografía Hispano-Vaska

Antes
Después
 B.O.E. JEFATURA DEL ESTADO

Demarcaciones provinciales. Denominación

Ley 19/2011, de 5 de julio, por la que pasan a denominarse oficialmente "Araba/Álava", "Gipuzkoa" y "Bizkaia" las demarcaciones provinciales llamadas anteriormente "Álava", "Guipúzcoa" y "Vizcaya".

http://www.boe.es/boe/dias/2011/07/06/pdfs/BOE-A-2011-11606.pdf

DIVISION TERRITORIAL DE ESPAÑA EN 1833

Nada más morirse Fernando VII en septiembre de 1833, la regente María Cristina de Borbón, emprendió la reforma que culminó con la división de España en provincias. En noviembre de 1833, su secretario de estado de Fomento, Javier de Burgos, -el Pepiño Blanco de entonces- creó un estado centralizado dividido en 49 provincias, que pasaron a ser 50 en 1927, cuando la provincia de Canarias, seguramente por aquello de que está lejos, que son muchas islas y porque sí, se dividió en Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife.

Las provincias recibieron el nombre de sus capitales (excepto cuatro de ellas, que conservaron sus antiguas denominaciones: Navarra, con capital en Pamplona, Alava, con Vitoria, Guipúzcoa con San Sebastián y Vizcaya con Bilbao.

La moda de cambiarles el nombre llegó después, en plena democracia estatutaria:

• En 1980, Logroño pasó a llamarse La Rioja.

• En 1982, Santander se convirtió en Cantabria.

• En 1983, a los asturianos les da el hipo y cambian Oviedo por Asturias.

• En 1992, ya metidos en harina, echamos mano de las lenguas vernáculas para olvidarnos de Gerona y Lérida y alumbrar Girona y Lleida.

• En 1997, los isleños de Palma de Mallorca le cambiaron la marca por la de Illes Balears, mucho más sencillo de pronunciar por sus actuales copropietarios alemanes.

• En 1998, los gallegos que no podían ser menos, modificaron a su vez la denominación oficial de las provincias de La Coruña y Orense por la de A Coruña y Ourense.

De la 50 provincias primitivas, a 8 ya les habían cambiado su denominación y ahora en 2011 le llega el turno a las provincias vascongadas, con lo que llegamos a 11 (más del 20% de las originales) Ya lo dijo Alfonso Guerra (colega de Pepiño Blanco), ¡A España no la va a conocer ni la madre que la parió! Pero aunque sea con distinto nombre, de momento, sólo de momento, siguen conformando la misma España de antaño. 

Y los españolitos preocupados por aprender inglés, cuando tenemos una riqueza lingüístico–folclórica que ya la quisieran las tribus perdidas del Amazonas. ¡Agur!